AREOSO | O |
06 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN SU DÍA, desde esta misma columna critiqué a Olga Carou por achacar todas las críticas que recibía al machismo de los hombes que la rodeaban. Sin embargo, no hay que confundir el touciño con la velocidad y lo que ayer sucedió en Carril poco tiene que ver con las desafortunadas declaraciones de la mujer. Ayer, los parquistas se salieron con la suya. Tanto los de Vidal como los de Villanueva. En su día, el antiguo patrón mayor dio una rueda de prensa para decir que «Carou non valía» pero que iban a dejar a su merced la cofradía por el simple hecho de que, con los de Villanueva, no iban a pactar ni hartos de vino. Éstos últimos fueron más sibilinos: le pusieron la miel en los labios a Carou y a los trece días le hicieron bajar de la nube a trompicones. Dicen que quería mandar en todo pero, cuando uno les oye, la pregunta surge al momento: ¿Tuvo tiempo para mandar, siquiera en algo? Cada vez más, parece que Carou es única y exclusivamente la víctima de un complicado resultado electoral y, simplemente, la persona que pagó el pato del amargo divorcio entre unos y otros parquistas. Ahora, las urnas tendrán que volver a hablar y decidir qué diablos pasa con la cofradía carrilexa. No sé, pero si las mariscadoras deciden pagarle con la misma moneda a los parquistas, el futuro se ve bastante negro, ¿o es que va a haber paz y después gloria entre los de Vidal y los de Villanueva? Ay, ay, ay... no las hagas, no las temas. Si será sabio el refranero.