Díselo a papá

AROUSA

AREOSO | O |

25 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO de pequeña tenía que pedir permiso para hacer algo que se salía de lo normal, sabía que debía cursar la solicitud a mis padres con tiempo de sobra. Entre el «díselo a papá» de mi madre, y el «díselo a mamá» de mi padre se me iban minutos que, en ocasiones, eran preciosos. Aquel no querer decidir de mis progenitores se prolongaba hasta la agonía cuando la respuesta que ambos querían dar era un «no», y se dilataba hasta la extenuación cuando uno no sabía exactamente lo que pensaba el otro. Con el tiempo he descubierto que aquel jueguecito de mis padres se lo suelen traer casi todos los padres del mundo. Y no sólo ellos: lanzar la pelota de tejado a tejado es una disciplina practicada por las administraciones mal avenidas. Está claro que entre el Gobierno central y el de la Xunta las buenas relaciones son un puro espejismo. Y en materia de Pesca, ni eso. Ministerio y consellería se lanzan los trastos a la cabeza cada vez que tienen ocasión: tras ocho años de amistad entre Madrid y Santiago, los padres se han divorciado y parecen empeñados en demostrar a sus hijos -nosotros- que uno de ellos es el bueno y el otro el malo. No sé si la estrategia funcionará. Pero sé que a mis padres nunca les perdonaré el tiempo perdido entre oca y oca.