La cosa política
14 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?o que está sucediendo en el BNG de O Salnés guarda un cierto paralelismo con la travesía del desierto que el PP de Vilagarcía tuvo que afrontar en la etapa en la que el sector cuiñista, representado por Manuel Bouza s y Amadeo Rodríguez , controlaba la agrupación. El triángulo Ribadumia-Cambados-Sanxenxo amargó la vida a la entonces dirección local, que fue apartada sistemáticamente de cualquier acceso a puestos desde los que pudiese ejercer una influencia real. En resumidas cuentas, los conservadores renunciaban a profundizar en su mayor nido electoral en la comarca a cambio de mantener su status quo interno y el papel preponderante de pequeñas agrupaciones, que hubiesen sido borradas del mapa por una Vilagarcía fuerte dentro del esquema conservador. El PP vilagarciano todavía arrastra las secuelas de aquel castigo y aquella subordinación. Pero en el caso del Bloque, las consecuencias de un prolongado autismo forzado, como al que parece abocado el grupo municipal dentro de la estructura de O Salnés y, en general, de la provincia, pueden ser devastadoras. Raramente un fenómeno nace y muere en sí mismo, y la decisión del portavoz vilagarciano, Xosé Castro Ratón , de cuestionarse su participación en la campaña de las autonómicas, hunde sus raíces bastante atrás en el tiempo. La mejor demostración de ello es el hecho de que Castro Ratón manifestase su deseo de no presentarse a las próximas municipales antes de que se desatase el lío de las candidaturas. Una postura que semeja incomprensible, dado el crecimiento experimentado por el BNG en Vilagarcía en las elecciones locales del 2003 y el escenario abierto que se avecina ante la cita con las urnas del 2007, pero que cobra su sentido cuando se enmarca en el camino que los nacionalistas llevan andado desde que lograron sentar en el salón de plenos a cuatro concejales. Lo primero que cabe razonar es que el éxito cosechado en Vilagarcía sorprendió a todo el mundo, y especialmente al consello comarcal del propio BNG, del que, por cierto, cayeron nombres como Castro Ratón y Francisco Trigo en el momento de su renovación. Un éxito mal digerido Con Castro Ratón y Manolo Rico al frente, los nacionalistas lograron en el 2003 acercarse mucho a su techo electoral en Vilagarcía, marcado por los 4.948 votos que obtuvieron en las autonómicas de 1997. La cosecha fue, concretamente, de 4.111 sufragios, y prácticamente triplicó los 1.616 a los que se había limitado en el 99. Que la cúpula comarcal no esperaba algo así lo demuestra el simple hecho de que ni siquiera contase con Vilagarcía a la hora de negociar con el PSOE los puestos de representación en la mancomunidad. La capital arousana se coló, de hecho, gracias a los acuerdos alcanzados por los de Castro Ratón en el seno de la corporación vilagarciana. Sólo así pudo sentarse el portavoz municipal en los plenos del órgano mancomunado. Vilagarcía se convirtió, en definitiva, en una patata caliente que la dirección del BNG no aguardaba, y para la que no estaba preparada. En el seno de la formación nacionalista parecen albiscarse al menos dos pulsiones. De un lado, una línea que podría acabar conduciendo a un pacto de gobierno con el PSOE de Javier Gago . Pese a los desencuentros y a las diferencias con Ravella, esta onda parece claramente representada por Castro Ratón. La postura pactista parte de un análisis pragmático del tempo político abierto en el 2003 y de la oportunidad que se abre ante el Bloque de convertirse en alternativa real en la capital arousana. La frase que comunmente se atribuye al italiano Giulio Andreotti lo ejemplifica perfectamente: «El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene». Para crecer más, los nacionalistas necesitan gestionar, ganar crédito desde el gobierno municipal, y presentarse al electorado como rivales a la altura, cuando menos, de los socialistas, que administran el Concello desde 1991. La otra línea mantiene la opinión contraria. Es decir, la participación en el gobierno con el PSOE lastraría al Bloque con los mismos males que se asocian a la gestión de Gago. En ella se situarían el responsable comarcal, Duarte Correa , y la corriente sindical de la CIG. Probablemente no se trate de un fenómeno premeditado, pero toda una serie de factores van añadiendose a este eje central para configurar una situación de absoluta incomunicación entre el consello comarcal y el grupo municipal de la ciudad. Las reservas ante el protagonismo que podría ganar Vilagarcía, haciendo bascular hacia la capital el peso orgánico en el BNG. El hecho de que, pese a su cercanía a determinadas posiciones, ninguno de los cuatro concejales milita claramente en alguno de los colectivos que configuran el frente, lo que puede provocar ciertos recelos... La asamblea y las listas Sea como fuere, en estas andaba el Bloque cuando Vilagarcía desaparece de la candidatura. Cabe preguntarse por la legitimidad de Ratón para hablar en nombre del BNG de la ciudad. Pero habida cuenta de que Manolo Rico fue el último responsable local con proyección en la sociedad vilagarciana, que la única imagen que los nacionalistas ofrecen al exterior es la de los miembros del grupo municipal elegidos en las urnas, que en la asamblea comarcal en la que se ratificó la lista participaron unos cuarenta militantes y once votaron en contra, es razonable suponer que algún valor tendrá su palabra.