Pues a lo mejor va a ser que no

La Voz

AROUSA

La cosa política

30 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?l pleno de Vilagarcía se pone caliente, y apunta maneras de gresca y movida política de altura como aperitivo del que será uno de los principales debates del año: el de los presupuestos municipales para el ejercicio en curso. Por lo visto el jueves en el salón de la Casa Consistorial, la cosa podría ponerse muy dura para el gobierno local. Juan Fajardo ya ha anunciado que Esquerda Unida no apoyará la propuesta de los socialistas. El PP era una de las bazas que los de Javier Gago acariciaban para sacar adelante las cuentas, rememorando los viejos tiempos en los que Manolo Portas y su menguado grupo facilitaban la aprobación de tan importante instrumento de gestión sin mayor problema. Tal vez el argumento de la responsabilidad institucional hubiese funcionado en otro momento, y el equipo de Tomás Fole hubiese respaldado de alguna forma -en este caso la abstención vale- los presupuestos del PSOE. El problema es que el debate se ha demorado mucho más allá de lo conveniente. Y, con el inicio de la campaña electoral a tiro de cuatro semanas, ni por asomo apoyarán los conservadores a quienes, con permiso del BNG, se postulan como sus más encarnizados enemigos en la pelea por la Xunta. Siempre está a mano la tentación de recurrir a José Luis Rivera . El líder independiente, sin embargo, recuperó el jueves el tono político y zarandeó a su manera al concejal de Tráfico, Alejandro Quintela , en su trompicada comparecencia sobre la madeja circulatoria en las calles de Vilagarcía. Rivera no está contento con el trato recibido por sus propuestas en los presupuestos del año pasado. La actualización de las ordenanzas y su sonada ausencia del pleno en el que debían ser ratificadas muestran que, lejos de lo que alguno podría desear, el ex alcalde no está por la labor de dejar hacer sin más al gobierno local. Aquello sentó un mal precedente y, para colmo, hay que tener en cuenta el tempo particular de Ivil, que ha puesto en marcha su maquinaria preelectoral y debe adoptar una posición de fuerza ante el más que probable intento de reunificación que el Partido Popular escenificará en algún momento tras las inminentes autonómicas. Así que no sería extraño que Rivera dijese que no. La cuestión de confianza Con semejante escenario por delante, la llave de los presupuestos podría estar en manos de los nacionalistas. Los cuatro concejales del Bloque se abstuvieron en la votación del 2004, permitiendo así que las cuentas se aprobasen sin darles su respaldo expreso. Pero ante el agreste intercambio dialéctico del jueves entre Xosé Castro Ratón y el alcalde, cualquiera percibe que si los socialistas quieren un acuerdo van a tener que negociar muy duro. Tal vez no lo parezca, pero esta situación podría complicar la gobernabilidad de Vilagarcía hasta extremos insospechados. Porque no son demasiadas las posibilidades que se abren ante el gobierno municipal en el caso factible de que la oposición eche abajo su diseño económico. Una de las alternativas es prorrogar las cuentas del año anterior y tirar millas, solución poco gratificante, a la larga dolosa para las arcas públicas y en buena medida paralizante, como bien sabe Gago, que ya tuvo que sufrir lo suyo en la era anterior a la mayoría absoluta del 99. La otra vía posible resulta explosiva, pero conviene tenerla en cuenta, pues se trata de uno de los instrumentos que la ley del régimen electoral general prevé para desbloquear la gestión de un Ayuntamiento cuando su aparato político llega a un callejón sin salida: la cuestión de confianza. Siempre que los presupuestos sean derrotados en el pleno, el alcalde tiene la potestad de acogerse a la figura de la cuestión de confianza, vinculada a la aprobación de las cuentas. Esta fórmula consiste, básicamente, en un coup de force por parte del regidor, que llevaría el debate hasta sus últimas consecuencias: o se aprueban los presupuestos, o abandona la alcaldía y la oposición se hace cargo de las riendas municipales. Una vez presentada la cuestión de confianza se abriría un plazo de un mes, en el que alguno de los grupos debe presentar una moción de censura. Si nadie lo hace, el alcalde superaría inmediatamente la prueba y los presupuestos se darían por aprobados sin más discusión. El problema reside en la posibilidad de que, efectivamente, esa moción se ponga sobre la mesa. Realmente, el mapa político de Vilagarcía no parece demasiado propicio para una jugada de estas características. No en vano, la moción de censura necesariamente tiene que estar firmada por un número de concejales igual a la mayoría absoluta de la corporación. Es decir, al menos once ediles tendrían que respaldarla, designando además a un candidato para relevar a Gago. Los números sólo salen si PP, BNG e Ivil suman sus fuerzas y nombran a un aspirante común. Complicado hasta este extremo, pero en absoluto descabellado por lo que respecta a la primera parte, la de la cuestión de confianza, que el propio alcalde puede ver interesante. El polvorín interno Claro que algo siquiera parecido constituiría una fenomenal bomba política, en plena campaña y con el gobierno local así, asá. Más de uno interpreta el cerco a Quintela del otro día como un abandono por parte de los suyos, con trampas incluidas desde sus propias filas, hasta verse obligado a recuar y plantearse negociar el transporte escolar en Vista Alegre, tal y como Jesús Paz , muy beneficiado por todo este asunto, había aventurado. Lagarto, lagarto.