Las pujas del Museo

María Conde PONTEVEDRA

AROUSA

Reportaje | La entidad provincial participa en varias subastas al año La institución que dirige Carlos Valle suele adquirir por este sistema de compra libros, revistas, cuadros, fotografías o monedas. El teléfono es el método preferido

16 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?n una ocasión, tras «perder» una puja telefónica por un óleo de Genaro Pérez Villamil, el director del Museo Provincial, Carlos Valle, se enteró de que la contrincante con la que acababa de mantener este particular duelo artístico era nada menos que Tita Cervera, la baronesa Thyssen. Por supuesto, la victoria estaba cantada: «Con ella no tienes nada que hacer». Ese cuadro por el que suspiraba Valle cuelga ahora del Museo Thyssen en Madrid. Estamos acostumbrados a ver subastas millonarias en televisión o en las películas de Hollywood. Pero el mercado del coleccionismo también puja fuerte en España. Y es algo a lo que no permanece ajeno el Museo Provincial, que cuenta entre sus fondos con un buen número de piezas procedentes de las casas de subasta. No existe un número de obras determinado al año que se adquiere por subasta. El proceso es el siguiente. Los responsables del Museo ojean los distintos catálogos que envían las casas nacionales e internacionales y deciden si alguna obra interesa. A continuación se contacta con la firma y se ofrece el precio de salida. Luego está la opción de ir en situ a la sala o de realizar la puja por teléfono. En realidad, este es el método más utilizado por la entidad provincial. Llegado el día de la subasta, un operador de la casa va informando sobre el desarrollo de la subasta y se van realizando las distintas ofertas. «Nos regimos por criterios en función de la colección de que se trate y, por supuesto, el de la disponibilidad», señala Valle. «Primero -explica- te llaman más o menos para avisarte de la hora en que se subastará la pieza elegida, y luego te van contando lo que pujan los demás» A lo que de momento no ha recurrido el director del Museo es a Internet. «Hay bastantes subastas pero no acabo de confiar del todo en ellas. De todas formas, creo que las piezas más importantes no suelen salir en la Red», comenta el responsable del Museo. En cuanto a las casas de subasta, en muchas de ellas es posible ir a observar la obra antes de la puja o estudiarla. Por ejemplo, la tarjeta navideña que el pasado año envió el Museo mostraba una acuarela de Arturo Souto comprada en Madrid y que en principio «no tenía buena pinta en el catálogo». «Una vez que fui a verla, vi que estaba bien e hicimos un seguimiento por teléfono», comentó. El pasado año, por ejemplo, no se adquirieron pinturas por este método, aunque sí libros, periódicos, revistas y, sobre todo, monedas. Una de las últimas, de Alfonso VI, fue acuñada en el siglo XII en Santiago. Valle no recuerda la obra más cara por la que se pujó, pero sí la donación del pontevedrés José Domínguez Casais, quien cedió al Museo el manuscrito de La historia compostelana del XV, por la que pagó alrededor de 750.000 pesetas de las de antes. «Además, tuvo que luchar con el Ministerio de Cultura, que también quería la obra», explica. La otra cara de la moneda está en los ocho números de la publicación El Correo literario de la Europa, de 1779, en la que fueron publicados algunos artículos del Padre Sarmiento tras su muerte. Se consiguió al precio de salida: 120 euros. Para el Museo, una ganga.