AREOSO | O |
14 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CON MI ojo lupa, siempre me quedo con la gente que tiene por deporte asistir a las inauguraciones y colocaciones de primeras piedras. Hay que hacer una diferenciación básica: si hay pincho o no. En el primero de los casos, la asistencia está justificada, que todo quisque sabe que, donde haya un político, suelen estar cerca las magras de jamón. Mi dilema es cuando no hay pincho: ¿a qué va la gente? Les planteo mis hipótesis. Están los que van pensando en que sí hay pincho, se les nota porque no dejan de husmear y comentan «¿e logo despois imos a un bar?». Después están las llamadas fuerzas vivas: empresarios, alcaldes de barrio y demás pesca. Éstos van a que el político de turno les diga algo así como «te creció la barriga» y les sonría. No falta un séquito de mujeres guapas que ni son lugareñas ni nadie sabe de dónde salen y los cuatro peleles que creen que cuando dicen «necesito unha farola» y el político enseña la muela del cabo en la risotada significa que adquiere un compromiso con ellos. Los únicos que realmente sé a lo que van son ese grupo de personajes de palillo que abundan en estos saraos. Vi a uno en Vilanova: abrían la espita de Gas Natural y la empresa dio mil explicaciones. Este hombre preguntó: «¿Pero a onde van esos tubos?». Le volvieron a aturullar con palabrería y el hombre dijo: «¿De onde veñen os tubos?». Está claro: van a sacarle los colores al encorbatado. Está bien. O como dice un amigo: «Correto».