Crónica
09 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?Eu non estou aquí obligado. ¿Algún de vós está aquí obligado?», decía ayer uno de los hombres sentados en la mesa que presidía la lonja de O Grove. Ante él, cientos de cabezas -unos dicen que trescientas, otros que cuatrocientas- se agitaron en una negación. El comentario de este hombre, repetido luego por muchas otras voces, no surgía de la nada: a los asistentes a la reunión de ayer les había hervido la sangre con un fax de la Federación Galega de Confrarías que los acusaba, entre otras cosas, de jugar a la política. «¿Quen vive da política? Eu non. Eu estou aquí porque vivo do mar e quero seguir a vivir del», proclamaba, en voz alta, otro de los que presidían el encuentro. Hubo quien recordó que «houbo a quen xa non lle deixaron entrar nunha reunión da Federación por estar nestas reunións». Y a eso alguien respondió entre el público apuntando que «esto é unha mafia». La asamblea sirvió para escenificar una ruptura entre una parte del sector y la Federación Galega, a quien se acusa de «ser criados da Xunta». Una ruptura que ninguna de las dos partes dice querer, y mucho menos buscar. Ayer, en O Grove, todos reclamaban el derecho a hablar. «¿E que hai de malo en falar?», quedó en el aire.