La escenificación de un divorcio

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

?Eu non estou aquí obligado. ¿Algún de vós está aquí obligado?», decía ayer uno de los hombres sentados en la mesa que presidía la lonja de O Grove. Ante él, cientos de cabezas -unos dicen que trescientas, otros que cuatrocientas- se agitaron en una negación. El comentario de este hombre, repetido luego por muchas otras voces, no surgía de la nada: a los asistentes a la reunión de ayer les había hervido la sangre con un fax de la Federación Galega de Confrarías que los acusaba, entre otras cosas, de jugar a la política. «¿Quen vive da política? Eu non. Eu estou aquí porque vivo do mar e quero seguir a vivir del», proclamaba, en voz alta, otro de los que presidían el encuentro. Hubo quien recordó que «houbo a quen xa non lle deixaron entrar nunha reunión da Federación por estar nestas reunións». Y a eso alguien respondió entre el público apuntando que «esto é unha mafia». La asamblea sirvió para escenificar una ruptura entre una parte del sector y la Federación Galega, a quien se acusa de «ser criados da Xunta». Una ruptura que ninguna de las dos partes dice querer, y mucho menos buscar. Ayer, en O Grove, todos reclamaban el derecho a hablar. «¿E que hai de malo en falar?», quedó en el aire.