AREOSO | O |
07 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.HAY palabras que poco a poco se han ido deformando hasta convertirse en algo feo, en palabros -como decía un amigo mío-. Es el caso de «politización», que ha cogido el aspecto de un zapato deformado a fuerza de mal utilizar el vocablo. Politización parece ser, según el uso que ultimamente se le está danto, toda discrepancia con el pensamiento establecido por una fuerza superior que está en posesión de la verdad absoluta. Esa fuerza superior puede tener mil caras y mil nombres, no se vayan a pensar, pero siempre está definida por un principio: el de que no se aceptan críticas, gracias. Al mar le ha caído la cruz de la politización encima. A una parte del mar, claro, porque la otra es de aguas puras y cristalinas. Les pongo un ejemplo: la cofradía de O Grove parece ser una concentración de diablos politizados empeñados en desestabilizar sin razón todo lo que hay a su alrededor. De hecho, casi todos los males que tienen las cofradías surgen del pósito que está al otro lado de O Bao. La Federación Galega acusó ayer de todo esto, veladamente, a los grovenses. La Federación, claro, no está politizada: sólo defiende los intereses del sector, pero sin aceptar críticas. Lástima que cuando el pósito de O Grove fue vilipendiado por algún responsable político de alto rango la Federación callase. Olvidaron que el silencio es otra forma de política.