Dos domingos

AROUSA

AREOSO | O |

01 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY DOS DOMINGOS en Vilagarcía. Uno es el de misa de doce en la parroquial, con paseo a la salida. Va la familia unida, el padre de traje, cuarentón; la madre bien peinada y de tacones, y los niños vestidos para la ocasión, o sea, endomingados. Si hace bueno, a la una se les puede ver por el muelle de Pasajeros, atentos al conocido tintineo de los mástiles de los veleros y ajenos al brillo de los depósitos de Ferrazo, al fondo. Hablan del cocido familiar y de la próxima Primera Comunión. El otro domingo tiene como escenario el paseo marítimo. En el parque de A Compostela se paran a jugar los niños de la otra familia vilagarciana, la de padres treintañeros vestidos con cómodos chándales, a ser posible, de marca. Los pequeños llevan ropa informal de colores rechamantes y se acompañan de bicicletas y cascos. Tras la parada en la zona de juegos siguen la caminata hasta Carril y se paran en la terraza del Esmorga, a tomar una caña y leer el periódico. Si el día está bueno se dejan acariciar por los rayos de sol procurando que la vista no se tropiece con los amenazadores depósitos de Ferrazo, para no amargarse la jornada. Hablan de Amenábar. Dos domingos. Dos familias. Dos Vilagarcías.