Agradecen el bocadillo

María Hermida
María Hermida VILAGARCÍA

AROUSA

ÁLVARO BALLESTEROS

En directo | A las puertas de los supermercados Desde hace meses, los rumanos piden en los establecimientos alimenticios de O Grove. Las dependientas aseguran que la mayoría de ellos aceptan la carne o el pan que se les ofrece

17 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?n los supermercados de O Grove describen un modus operandi de los mendigos que piden a sus puertas calcado al funcionamiento de las mafias: los indigentes se bajan y suben en un mismo vehículo, son todos extranjeros, no responden a preguntas y se rotan para no mendigar siempre en el mismo local. Además, cuando vienen son numerosos y cuando desaparecen lo hacen todos juntos. Sin embargo, y a pesar de que cuando se habla de bandas se piensa en la estafa, la mayoría de las dependientas de O Grove aseguran que, frente a sus cristaleras, lo que hay son personas que agradecen el embutido o el pan que se les ofrece. Tienen hambre «Nótase que teñen que pedir cartos, pero tamén que teñen fame», decían ayer en el supermercado Gadis. En la mayoría de los establecimientos, hablan de mujeres jóvenes con bebés en brazos, señoras con adolescentes de la mano o mismamente muchachos. En Froiz, en Claudio o en cualquiera de las otras cadenas hablan también de que el número de personas pidiendo ha aumentado considerablemente y que, a pesar de que «ás veces non sacan nada, nin un euro», nunca presenciaron ningún altercado con los clientes. Idénticas historias Uno tras otro, los distintos establecimientos narran idénticas historias. Tras unos días desaparecidos, una mañana llegan varios vehículos a O Grove. Se bajan ciudadanos que apenas hablan español -«con pintas de ser moi lonxe», dicen-y comienza el reparto. Al parecer, los mendigos rotan cada cierto tiempo de ubicación. Una vez en el supermercado, colocan algún que otro cartel y esperan que la solidaridad haga el resto. Según las dependientas, los indigentes evitan que se les pregunte por su situación y, a lo sumo, pronuncian alguna que otra palabra de agradecimiento cuando les ofrecen alguna cosa para comer. Al final de la jornada, el mismo vehículo pasa a recogerlos y se van todos juntos. Poco más pueden decir en los supermercados de esta presencia. En Cáritas tampoco saben mucho de sus historias a causa del mutismo que les rodea. Desde el colectivo de O Grove se indica que, prácticamente, apenas acuden a estas dependencias y, cuando lo hacen es para recoger alguna ropa. Mutismo total En Cáritas repiten la historia que cuentan los supermercados: rehúyen las preguntas y evitan mantener el contacto con los lugareños. Ese, según el responsable del colectivo, es el principal problema para que ayuden a desmantelar a quien les «transporta».