A vueltas con el referéndum

La Voz

AROUSA

La cosa política

12 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?ueda una semana para el solemne acto de la votación, y la cosa está tan poco clara como al principio. Básicamente porque, salvo el PSOE, al que sus propias decisiones han situado en el disparadero y todos reman en el mismo sentido para evitar que la abstención y el «no» le pasen factura al Gobierno ZP, el resto de formaciones del país navegan en un sinfín de contradicciones internas. Los primeros en dejarse caer por Arousa fueron los nacionalistas del BNG, con la difícil misión de dar un barniz positivo a su rechazo de la Constitución europea en los términos emanados del tratado de Roma. Castro Ratón y Encarna Otero madrugaron para protagonizar su mitin inicial, el mismo día en el que arrancaba la campaña. Sucede que en la comarca y fuera de ella son bastantes los integrantes del Bloque que en absoluto están de acuerdo con la línea marcada por la organización de cara al referéndum. El sí crítico o, en su defecto, la abstención como mal menor, es la apuesta que manejaba este sector heterogéneo. Y, al parecer, esta opción habría tenido buenas oportunidades de triunfar de no ser por el sector más lanzado de la CIG, que se adelantó a anunciar públicamente el «no» antes incluso de que la decisión estuviese adoptada. Algunos, como Camilo Nogueira , fomentan el voto afirmativo alto y claro. Otros lo comparten, aunque callan resignados. Su postura responde tanto a un análisis pragmático de la realidad política y social, como a una lectura en clave electoral. Desde el primer punto de vista, parece difícil que la Unión Europea pueda alcanzar algún otro documento consensuado que plasme esa Europa mellor que plantea el BNG. Se trataría, en todo caso, de votar ahora sí para después intentar llevar a cabo reformas desde dentro de la casa común europea, ya en marcha. Desde la segunda óptica, el BNG siempre podría arrimar el ascua de su sardina a la notable bolsa de abstención que se prevé para el día 20. Promulgar el «no», sin embargo, expone a los nacionalistas a un pobre resultado el domingo, a escasos meses de las autonómicas. Claro que, en caso contrario, el campanazo sería sonado. El despiste de la OTAN Tampoco tardó el PP en descargar su artillería sobre la capital arousana. Fue al día siguiente, viernes, en la casa de cultura, con un cartel que encabezaba un Núñez Feijóo cada vez más apegado a la provincia de Pontevedra. Los conservadores tampoco ganan para disgustos. Porque no hay duda de la vocación afirmativa del PP hacia el referéndum. No en su cúpula oficial, al margen del tropiezo de Manuel Fraga y su discurso trivalente sobre la legitimidad de votar sí, no o quedarse en casa. Pero a pie de obra la cosa cambia. Pese al aire de templanza que Rajoy quiere transmitir a su campaña, los disertadores populares no dudan en aprovechar el púlpito para fustigar al Gobierno y a su precipitación, a los que culpan de que los españoles vayan a votar sin tener ni idea del contenido de la Carta europea. También a la perspectiva de un pacto entre socialistas y nacionalistas en Galicia, a cuenta del «no» del BNG. Así no es extraño que lo primero que uno se encuentre al llegar al mitin de los conservadores sea un contundente comentario de un fiel militante: «Voy a votar que no, porque esto es una vergüenza; el Gobierno ha echado por tierra todo lo que Aznar consiguió en Niza, nos dejan en manos de los alemanes y los franceses ¿y tenemos que decir que sí? De eso nada». En la parroquia popular, como se ve, hay a quienes el cuerpo les pide un rechazo sonoro. El desmarque de la Iglesia, indignada ante la ausencia en el texto de referencias al cristianismo, les da argumentos morales. El propio PP aporta los políticos. Una de las líneas de ataque a ZP es la firma del tratado constitucional de Roma, en octubre del año pasado. Con él, denuncian los oradores conservadores, España renuncia al poder de decisión logrado por Aznar en el tratado anterior de Niza. Entre otras cuestiones, aquel acuerdo permitía al Estado español vetar cualquier medida perjudicial en la siguiente reforma de los fondos estructurales, para el período 2007-2013, como bien se encargó de recordar López Veiga . Si la Constitución fuese rechazada, retornaríamos a Niza. Se explica, por tanto, la querencia por el «no» de concienciados votantes populares, que ven desconcertados cómo algunos de sus popes encienden la antorcha del rechazo para a continuación recuar y pedir el «sí». Además de contradicciones hay despistes. Como el de Louzán, en Vilagarcía. El presidente provincial del PP acusó al PSOE de seguir su estela. Ahora, al abrazar el compromiso europeísta. Y antes, en el referéndum de 1986, para apostar por el ingreso en la OTAN «cando antes se opoñían», dijo el de Ribadumia, olvidando que su partido, entonces AP, hizo campaña por la abstención, no por el «sí» a la Alianza. El PSOE y las elecciones Pocos dudan de que la apresurada convocatoria del referéndum -habría todavía un año y medio de plazo- constituye una atrevida apuesta para afianzar su posición de cara a los comicios vascos y gallegos, o una temeridad sin nombre. Como a todos, al PSdeG le preocupan las autonómicas. Siguen las especulaciones sobre la presencia de Pose y Gago en las listas. Y Touriño , de paseo por Vilagarcía, comienza a gustarse como candidato y a recoger besos. Pero un patinazo el domingo tornaría la caricia en peligrosa bofetada antes de medirse con Fraga y Quintana . Aquí también hay tomate.