«¡Que guapas estades aquí!»

María Santalla VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

En directo | Estreno de la remodelada plaza de abastos de A Illa Los vendedores retomaron su actividad en el recinto de la calle Castelao. Están contentos con su regreso, pero esto no impide que encuentren algún fallo en el edificio

20 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Echaron de menos el champán, pero los vendedores de la plaza de abastos de A Illa no dejaron por ello de celebrar su regreso a estas instalaciones tras varios meses de obras. «De mañá en diante imos vir un pouquiño maquilladas». Así respondía una de las expendedoras de pescado a una clienta que bromeaba sobre lo guapas que parecían las placeras en el nuevo recinto. «Aquí trabállase mellor que na lonxa vella». En esta idea parecen coincidir todas las vendedoras. Sin embargo, no todo son parabienes. Algún que otro defecto le han encontrado ya a la edificación. Porque los técnicos -dicen- saben mucho de arquitectura, pero de la actividad en la plaza conocen más bien poco. «Os grifos tiñan que estar máis abaixo e tiña que haber unhas piletas que verteran directamente nos desaugues», opinan. Con todo, los ocupantes de la plaza están contentos de haber regresado a sus puestos. «Polo menos agora temos auga, que antes non tiñamos». Dicen que su ubicación es mucho mejor que la de la lonja vieja. «Alí hai máis onde deixar o coche, pero a xente que ten coche vai comprar fóra», aseguran. A quienes lo hacen les advierten que «non van comprar nada fóra máis barato ca aquí», pero se resignan a que la plaza isleña no pueda «compararse coa de Vilagarcía ou coa de Cambados». Eso sí, con la salvedad de Hacienda, que «si que a compara». El jueves no es un día de gran actividad en el recinto de venta de A Illa. Por eso hay tiempo para el análisis sociológico. Dos de las vendedoras llegan cada día desde Caleiro. «Non somos de aquí. Antes eramos o mesmo Concello, pero agora separámonos». No obstante, estas son cuestiones de la política, porque, al fin y al cabo, «só nos separa a ponte». Un curioso concepto el de un puente que, lejos de unir, separa. Aprovechando la coyuntura, los vendedores no dejan pasar la oportunidad de lanzar reivindicaciones de mayor calado. Se quejan, sobre todo, de la competencia desleal. En este sentido, piden que se controle la presencia en la plaza de mujeres que no pagan por ello. Ayer no estaban, pero «o venres e o sábado sempre hai algunha». Estos son los días de mayor actividad en la plaza, aunque para las vendedoras habituales son aún peores que los demás. «Elas -las vendedoras que no pagan- poden vender máis barato».