AREOSO | O |
10 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ALGUNA VEZ debieron ser unos lindos cachorrillos, pero con el paso del tiempo se han convertido en unos enormes canes-cachalotes capaces de amedrentar al más pintado. Los dos campaban el pasado domingo, en amor y compañía, por el parque Miguel Hernández. Corrían raudos y veloces al encuentro de los perros civilizados, los con dueño, y quizás para vengarse de su buena estrella los asediaban y los martirizaban. En esas estaban, volviendo loca a una perrita y a su dueña, cuando un anciano vengador los espantó a bastonazos. Alguna vez debió de ser una niña a la que sus padres le enseñaron que no se pueden ensuciar las calles. Pero el otro día, cuando paseaba con su querida mascota por la calle, dejó que el animalillo hiciese sus necesidades en medio de una acera y ni siquiera hizo un amago de limpiar lo que había ensuciado su mejor amigo del alma. Dirán que una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero se equivocan. Tienen en común algo más que los perros: la educación de las personas. Si no hubiese desalmados que regalan cachorrillos como si fuesen peluches para luego abandonarlos, no habría tanto animal descarrilado. Y si no hubiese tantos cerditos humanos, las calles estarían más limpias.