AREOSO | O |
03 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.PÍA PADÍN es una superviviente. Volvió de Tailandia con vida, pero en sus ojos y en la lentitud de sus gestos late una profunda tristeza y una especie de desapego. El marido de Pía, José, cree que él ha encajado mejor el golpe que el tsunami les ha propinado. «En Europa nunca pensamos que las desgracias nos vayan a alcanzar», dice él. Pero a veces nos alcanzan, aunque sea en el otro extremo del mundo. Aunque sea en Navidad, esta época de consumir, comer, y seguir consumiendo. Me he percatado de que cada vez que salen imágenes de la catástrofe en la televisión las conversaciones se paran y los ojos se fijan en las pantallas. Los tragos de cerveza tardan más en bajar. Podría jurar que en el pequeño fragmento de Europa en el que me ha tocado vivir estamos conmovidos por la tragedia. Pero poco más. ¿Qué vamos a hacer desde aquí?, nos preguntamos. Y no nos molestamos ni en contestarnos -y me incluyo-. Mientras nosotros nos miramos el ombligo, llenos de tristeza, el hijo de Pía y José sigue en Tailandia. Vive allí, y estos días se ha consagrado a pescar muertos. Es la ayuda que, de momento, puede prestar en un país herido. Tal vez debiéramos hacer caso a su padre y buscar un camino, sea el que sea, para no quedarnos al margen.