AREOSO | O |
21 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ESCRIBO estas líneas invadida por esa locura que apareja la ilusión de estar podrida de millones. «¿Y si me toca a mi?», esa pregunta retórica que todos nos hacemos alguna vez, y sobre todo en estas fechas, hoy se apodera de mí de una manera sobrehumana. Llevo todo el día maquinando, como si de un asesinato se tratase, para saber cómo reaccionaría ante un buen pellizco de dinero. Por mucho que lo intento, no soy capaz de hacer un croquis detallado de todo cuanto haría una vez que los niños de San Idefonso me convirtiesen en la reina de la pecunia: ¿cambio de coche?, ¿me lanzo al mundo de la inmobiliaria y me hago con ese ático tan apetecible con vistas a la ría?, ¿me doy una vuelta en crucero a lo princesita con parada allá donde me venga en gana?, ¿y si me compro con un yate?, ¿o reparto? Sin duda, es en este último punto donde la incertidumbre se apodera de mi. Si me pongo a repartir: ¿a quién meto en el cupo?, ¿a quién dejo fuera?, ¿cómo hago para que no se peleen? Fíjense como estoy, de los nervios perdidita, con sólo pensar en lo que me espera. Sí, porque -lo confieso- esta vez creo que me va a tocar a mí. En unas horas tendré la respuesta: si no soy rica, espero estar viva. Que dicen que el que vive de ilusiones muere de un desengaño.