AREOSO | O |
20 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SIEMPRE pensé que era un chollazo hacerse Papá Noel. Trabajas solamente unos días al año. Ya sé que son días de fiestas y toda la pesca, pero al fin y al cabo, son sólo unos días. Encima, vas enfundado en ese traje rojo tan calentito que dan ganas de abrazarte y no soltarte más. Tienes una barriga rechoncha que pa qué y ningún gracioso te suelta cosas del estilo de «últimamente le damos bien al buche» o «menuda pandorga que llevas», con los que sí te suelen obsequiar si, por devenires de la vida, tienes un bandullo que quita el hipo. Hace años que no te pasas la Guillette y, sin embargo, ni tu madre ni tu abuela -expertas en esta materia- te recuerdan que es hora de que te afeites. Tampoco tienes que contestar ¡anda ya! cuando la gente te pide deseos. Basta con que les sonrías, les des la palmadita y les regales unos caramelos de miel que te sobran para que se vayan felices y contentos. Osea, un chollazo, pensaba yo. Pero debía estar equivocada. Créanme. Este año, en Vilagarcía, he visto a Papá Noeles que trepan por la paredes, otros haciendo puenting desde los techos, algunos a punto de precipitarse por una ventana, muchos estampados contra cristales o puertas y alguno que otro boca abajo, como pidiendo auxilio a gritos. ¡Qué vida laboral tan dura deben de tener para que se nos quieran suicidar de esa manera! Feliz Navidad.