?eshabitada desde los años sesenta, Sálvora mantiene en su vertiente noreste los restos de una aldea abandonada, que alcanzó su momento de mayor esplendor a principios del siglo XX, cuando la poblaban cincuenta colonos. Existen dos edificaciones en buen estado: el faro, habitado todo el año, y el pazo del muelle, una antigua fábrica de salazón reconvertida en vivienda, a la que se une la capilla de Santa Catalina. En cuanto a la fauna, destacan dos especies introducidas por los propietarios. Se trata de una manada de caballos, cuya localización y observación son relativamente sencillas. No sucede lo mismo con los ciervos, cuya presencia en la isla obedece a la afición a la cacería de sus titulares. Las cacerías fueron abandonadas por completo tras la declaración del archipiélago como parque nacional. Y aseguran quienes frecuentan Sálvora que al menos media docena de ciervos se ocultan entre el monte bajo y el eucalpital que sobrevive en ella. Comprobarlo resulta extremadamente complicado, ya que los cérvidos, dotados de un finísimo olfato, no se dejan sorprender. Es terreno abonado para los conejos y varias especies de aves, entre ellas rapaces, esporádicamente azores y, por supuesto, aves marinas como el cormorán y la gaviota. No obstante, la mayor parte de la superficie protegida (781 hectáreas) no corresponde a la isla y los islotes, que apenas suponen 242 hectáreas, sino a los espacios sumergidos.