«Hoxe esquécense as penas»

María Hermida
María Hermida VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

En directo | Primer día de subasta de centollo en O Grove La euforia era ayer la protagonista en la lonja grovense. Ni el frío ni la noche de luna lograron empañar la jornada de estreno de la campaña del marisco rey

23 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Ayer no se oían lamentos en la lonja de O Grove. A las cinco de la tarde, una hora antes de que comenzase la subasta del marisco rey, la euforia reinaba en las cuatro esquinas del recinto. «Pasas un mes sen gañar chica, despois ven un día así e pásanche as penas». Esta frase, con unas u otras palabras, se repetía en las conversaciones de los centoleiros mecos. Cada uno delante de sus capachos, esperaban ansiosos a saber cómo se cotizaría la especie. No estaban sólos; turistas cargados con cámara digital y dispuestos a captar hasta el último movimiento de pata de los bichos, jubilados que comentaban sus añejas batallas en los mares y políticos locales con caras alegres -y regocijándose de lo que no se llevó el chapapote- no quisieron perderse la jornada de estreno del marisco rey. Antes de entrar a la lonja, uno podía darse cuenta de que la apertura de la veda del centollo se esperaba como auga de mayo. Grandes carteles amarillos con el membrete de la cofradía recordaban que el 23 de noviembre era el gran día. Por si era poco, una pizarra gigante lo volvía a mencionar en medio de la lonja. Las muchas filas de coches aparcados en el entorno de O Corgo presajiaban también el gran ambiente que reinaba en el recinto. Tal cual. Mientras la nécora y el camarón pasaban a las mesas de acero inoxidable de la subasta, muchos ojos estaban puestos en las tres largas filas de capachos a rebosar de centollos. Allí estaban ellos, bien tapados con colchas de flores, con sábanas blancas o mantas azules. Por todas partes, se repetían los comentarios de la jornada: «Non está mal, eu fun só e saquei 30 pezas, un capacho bo», afirmaba un señor de jersey amarillo desesperado por que un fotógrafo le retratase al que, según él, «é un exemplar coma a copa dun pino». Su compañero corroboraba que el día fuera bueno y que los centollos «están cheos e son de reglamento». En ese momento, hacía aparición en la lonja un carro cargado de capachos. «Preguntádelle a eses, que mira todo o que traen», aconsejaba un hombre de gorra negra a la prensa. Efectivamente, los del carruaje lleno hasta los topes contaban que la jornada les fue de perlas y que, a pesar de la luna llena y el frío -enemigos a muerte del centollo- no se podía pedir más. Aún sí, estaban temerosos por lo que suceda en días venideros. Ese miedo es generalizado. «Levamos moito tempo mal, e aínda que hoxe estamos contentos, sabe deus como estaremos dentro duns días» cuenta un joven de pendiente que zampa dos donuts con chocolate en menos que canta un gallo. Llega la hora de la verdad. El mercado le pone precios a las piezas. Los subastadores cantan las cifras en las dos vendedurías de la lonja grovense: en una, el máximo precio se fija en 14 euros, en la otra a 13,50. Llegan a subastarse unos 3.500 kilogramos del crustáceo. A pocos kilómetros, en la lonja cambadesa, el precio máximo es de 15 euros, aunque sólo se despachan unos 670 kilos de la especie. Ni en Cambados ni en O Grove se baja de los seis euros el precio mínimo. Los del sí y los del no Mientras siguen las cuentas, otro debate surge en la lonja meca. ¿Había que abrir la veda antes? Hay para todos los gustos, aunque todo se discute sin agobios ni voces altas. Como dice un marinero a punto de jubilarse: «hay que disfrutar hoxe da festa, que igual mañá xa non podemos».