El palomar La asociación A Cantarela clausuró ayer dos semanas dedicadas al mundo de las setas. Para cerrar el evento con buen sabor de boca, lo despidieron con premios y una cena
20 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.? mí, que tengo un corazón sensible donde los haya, no me gustan las despedidas. Por eso ayer me costó trabajo arrastrar mis pies hasta la casa de Cultura de Vilagarcía. Allí se decía adiós al Outono micolóxico, una iniciativa que año tras año nos deleita con una gran exposición sobre setas, una fiesta dedicada a los sabores otoñales y muchas actividades más. Efectivamente, y como me temía, cuando llegué noté una atmósfera de melancolía. A todos los presentes les daba pena poner el broche de oro a esta magnífica iniciativa de A Cantarela. Eso sí, lejos de echarse a llorar, más de uno comenzó a hacer nuevos proyectos y actividades para el años que viene. ?n el último día dedicado a la micología, hubo tiempo para que se realizase la entrega de premios tanto del IV Concurso de Fotografía Micolóxica Enrique Valdés como para hacer llegar a los colegios sus respectivos trofeos por presentar sus maquetas para la muestra que tuvo lugar en la casa de Cultura. ? después de los premios, llegó la hora de lanzarse a las setas. Tal cual. Los socios y amigos de A Cantarela se reunieron ayer en el Club de Mar del Liceo Casino de Vilagarcía para dar cuenta de una buena cena. Comida, bebida y, sobre todo, muchas caras alegres entre los presentes. ?, al margen de estos actos, quiero decirles desde esta página a todos los buenos amigos que tienen las setas en Vilagarcía que, a partir de ahora, cada vez que cocine cualquiera de las especies micológicas comestibles tendré un recuerdo para su Outono micolóxico, que me enseñó a recolectar setas.