El médico a domicilio

María Hermida
María Hermida VILAGARCÍA

AROUSA

Crónica | La visita del mandatario de Pesca Al político de Gondomar no se le resistió ninguno de los males pesqueros de los grovenses: en dos horas, arregló jubilaciones, problemas para construir barcos o rifirrafes con los funcionarios

17 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?isita de médico la de López Veiga a O Grove: en dos horas, al conselleiro le sobró tiempo para darle atención personalizada a las inquietudes de la gente del mar reunida en la sede del PP. Tras una declaración de intenciones, en la que el mandatario dejó claro que estamos «na lexislatura da baixura» y mostró su preocupación por que «a xente vaia o mar, os xoves descubran que ao mar hai que terlle cariño porque é un oficio marabilloso. E sobre todo, que se recupere a figura da muller no mar, por exemplo, coas redeiras» dio paso al turno de preguntas. Como si de una sesión de testimonios televisivos se tratase, los congregados en la casa popular se desahogaron con el conselleiro: «Eu quero prexubilarme, teño case sesenta anos e non sei como teño que facer para pedir o desguace», dijo un hombre sentado en primera fila. En conselleiro le dio indicaciones de cómo hacer y dónde solicitar información. Siguiendo su ejemplo, otros presentes buscaron el consejo del mandatario a sus inquietudes. Eso sí, unos con tono de pregunta, otros de réplica y algunos incluso entrando en discusión con el conselleiro. Fue el caso de un hombre de cazadora de cuero, que pedía que se rebajase la veda del centollo y se mejorasen los horarios. A él, López Veiga le dijo «non me vas convencer de nada diso, porque non é unha medida que eu poida tomar en toda Galicia». A lo que el joven respondió que «se xa de principio me di que non o convenzo, estame demostrando que é vostede algo fechado». Ambiente distendido A pesar de alguna que otra salida de tono como la citada, la realidad es que cordialidad y el tono distendido del acto quedaron patentes en todo momento. Lo demostró el conselleiro, que no dudó en sentarse con la pierna cruzada casi a modo budista y soltar algún que otro «pero carallo, ¿como pasa iso?» en medio de sus respuestas. Precisamente, uno de los momentos en los que el mandatario dijo un taco fue cuando un navalleiro grovense le informó de que «quixen construir un novo barco e resulta que un funcionario díxome que me era mellor ir a Vigo e pagarlle a un señor 300 mil pesetas». El conselleiro no dudó en pedir santo y seña del funcionario en cuestión, del que dijo que «se me entero quen é halle caer un bo paquete». La guerra abierta Entre las preguntas del respetable, López Veiga fue declarando la guerra a la cofradía. Con ironía, y ante alguno de los testimonios expuestos, afirmó «pero que confraría máis rara teñen». Quizás por ese motivo, y porque cada congregado preguntó por sus intereses particulares, un hombre entrado en años no dudó en decir en el mismo hall: «Aquí cada un arrimou a ascua a súa sardiña».