Las nuevas tiendas de lujo

La Voz R.E. | VILAGARCÍA

AROUSA

Análisis | La situación de las pescaderías y plazas Las etiquetas lucen cada vez números más altos. Los clientes se echan las manos a la cabeza al comprobar lo caro que van los pescados. Y las ventas, como suele pasar, se resienten

08 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?icen que la calidad se paga, pero todo tiene un límite: el impuesto por el bolsillo medio. Los pescados y los mariscos comienzan a saltar esa barrera y amenazan con convertirse en un producto de lujo. Lo dicen los vendedores de estos productos: «a este paso, só van poder comer desto uns poucos», explica Eduardo Sabarís. Y lo dicen, con más énfasis, los consumidores, cansados de ver como el dinero cunde cada vez menos cuando visitan la pescadería o la plaza. Un mal generalizado «Antes había pescados que ya sabías que no podías coger todos los días. Pero es que ahora hasta los pescados más menudos son carísimos», argumentaba ayer un ama de casa. La xouba, el jurel o la faneca son especies que, a ojo de esta experta en la cesta de la compra, se han encarecido muchísimo. «Cuando ves un lenguado o un rodaballo ya te paras los pies, porque ya sabes que eso no puede ser», relata esa misma ama de casa. Otros señalan que, tras una visita a su pescadero de confianza, vuelven a casa con unas rodajas de pez espada, un pulpo y la cartera mucho más ligera que antes. Los pequeños Los precios se han subido a las nubes y eso lo reconocen los propios vendedores, quienes aseguran que las ventas en sus establecimientos llevan una clara línea descendente en la gráfica de facturación. En algunos negocios dedicados a este sector, la caída de ingresos ha sido de hasta un 20% durante los últimos dos años. «Do que pase no mar, nos acabámonos resentíndonos tamén», argumentaba ayer Eduardo Abad, al frente de tres pescaderías en Vilagarcía. La parte más magullada del sector comercializador son las pescaderías y los vendedores de las plazas. «É a xente que traballa coa calidade, cos productos de aquí», explicaba ayer Eduardo Abad. Las grandes superficies, por su parte, son también las grandes beneficiadas de esta situación, ya que «traballan con moito producto de importación», y eso rebaja la factura de sus clientes de forma considerable, convirtiendo sus ofertas, quizás menos sabrosos, en más apetecibles para las economías medias. Mientras las pescaderías de siempre ven como sus clientes se escabullen hacia los supermercados y las grandes áreas, los consumidores vaticinan que poco a poco tendrán que modificar sus hábitos de consumo y mirar «hacia otras cosas» que permitan llenar el estómago y contener el gasto de euros. Muchas causas Precisamente en la nueva moneda encuentran algunos consumidores el origen de la escalada de precios. «A veces te piden seis euros por algo y puede parecer que son seiscientas pesetas, pero de eso nada, son mil. ¿Y quien se puede permitir pagar esas cantidades por un kilo de pescado?». El temido redondeo llegado en el 2002 parece haber extendido su sombra hasta la actualidad. Si a él se suma la caída de oferta en las lonjas -algunas especies han sufrido una merma más que considerable en los últimos dos años- y la subida de los precios del petróleo, el panorama se nubla para el sector de los comercializadores de pescado.