CON GOTAS | O |
02 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DESDE todos los puntos de vista, lo que está sucediendo sobre el asfalto es absurdo. Social y existencialmente, las exigencias de las sociedades modernas exponen a sus individuos a un riesgo continuo, embutiéndolos en cajas de vidrio y metal para lanzarlos a velocidades que matarían de un infarto a cualquier tipo nacido antes de la segunda revolución industrial, la del siglo XX. ¿Y para qué? Para acudir a un puesto de trabajo, a una cita romántica, a una obra de teatro, para retornar de una noche de juerga, de una agotadora jornada en la oficina o en el mar. Para encontrar la muerte en una curva que sólo conduce al otro barrio. Pero la metafísica no soluciona este tipo de problemas. Es la voluntad política la que debiera hacerlo, o al menos poner los medios para hacerlo más fácil. Porque aunque el recurso al «es que van como locos» tiene su parte de razón en lo genérico, en las tres muertes del fin de semana hay abundantes elementos -los chavales de Cambados habían llamado a casa para decir que habían pinchado y venían despacio; la muchacha de Curro, joven pero responsable, oiga, se dirigía al trabajo- como para sospechar del mal estado de la carretra. Tal vez ahora, esa misma voluntad que dibujó la vía rápida de O Salnés no para articular una comarca, sino para fomentar el veraneo, se digne al fin a completar el diseño.