?l Juzgado Marítimo número 6 con sede en Ferrol ha archivado las diligencias iniciadas por el remolque de la planeadora hundida frente a las costas de Ortegal. La armadora del remolcador Ibaizabal con base en A Coruña que hizo el traslado de los restos de la embarcación hasta el puerto base ha enviado un escrito al juez marítimo expresando esta intención. Con anterioridad había formulado, también por escrito, su interés en cobrar la indemnización que le pudiera corresponder. El teniente coronel Manuel Leira Alcaraz, juez marítimo, había explicado que el trámite habitual, si no aparecían los propietarios de la embarcación náufraga, consiste en sacar los restos a subasta pública y con el dinero obtenido abonar la asistencia del remolcador. Si sobrase algo, se ingresaría en el Tesoro Público. Pero, por lo que parece, la subasta no daría ni para el gasto de la asistencia. Los tres potentes motores fuera borda se encharcaron de agua y sólo limpiarlos supera los seis mil euros. La lancha está destrozada. La investigación iniciada por el juez de primera instancia e instrucción de Ortigueira, Víctor Pardo, tiene prioridad sobre cualquier otra, incluida la de la jurisdicción marítima. Competencias La Guardia Civil está informando al juez ortegano de la marcha de las investigaciones, aunque el dilema sobre las competencias no está aún resuelto. Se cree que el punto de la costa más próximo a las coordenadas del naufragio se encuentra en el partido judicial de Ortigueira. No obstante, el juez de esta localidad ha pedido aclaraciones para saber si el asunto corresponde al partido judicial de Ferrol. La investigación trata de aclarar las dudas y las sospechas surgidas tras el naufragio de una potente planeadora de diez metros de eslora y tres motores fueraborda que naufragó a quince millas de Sálvora el pasado 9 de octubre y en la que supuestamente navegaban dos personas, Óscar Rodríguez Rey, de Bueu, todavía desaparecido, y José Carlos Domínguez Castro, un cambadés de 30 años cuyo cadáver apareció cuatro días después a quince millas de cabo Ortegal. Se cree que un golpe de mar provocado por el temporal de viento que ese fin de semana azotó las costas gallegas pudo ser el origen del naufragio. Lo que todavía no se sabe es por qué los pontevedreses se embarcaron con tal mal tiempo en una lancha de esas características, similar a las que se emplean para las descargas de alijos de droga.