El palomar Junto con un socio de Ourense, José Manuel Torres abrió en Cleveland un restaurante que triunfa pese a la crisis de la ciudad. El secreto, servir comida y vinos gallegos
20 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Que a los americanos les gusta el albariño ya lo sabíamos por los datos de exportación que nos manda el consello regulador. Pero que con estos caldos y con cocina gallega se pueda trinfar en una ciudad que fue bastión de la industria manufacturera de EE.?UU. pero que ahora es quizás la más pobre del país, tiene mérito. Un mérito que, por supuesto, lleva nombre de gallegos, los únicos que son capaces de pasar hambre en su tierra y hacerse ricos en la luna. Me lo cuenta María Luisa Azpiazu, una periodista de la agencia Efe que descubrió en Cleveland un restaurante siempre lleno propiedad de Jesús de Manuel, de Ourense, y José Manuel Torres, de Vilagarcía. Más preocupados por el dólar que por la morriña, los gallegos no le pusieron a su restaurante Mondín -aldea natal del ourensano- ni Cortegada, sino que lo bautizaron con el nombre de Mallorca, porque suena más a España. Y les debe ir bien, porque dice la periodista que ya abrieron otro al que le pusieron Marbella, otra vez por lo de los tópicos. Y van a por más. Piensan inaugurar un bar de martinis en el que sólo se servirá marisco frío. Los gallegos, que pese a llevar más de media vida en Estados Unidos todavía conservan el acento de su tierra, enseñan a los americanos que en España se come algo más que paella. Así, además de los típicos arroces cocinan tortilla de patata, choricitos a la brasa y marisco. Reconocen que ni los chorizos de allí no los moluscos saben como los gallegos, y admiten que disfrazan un poco los sabores con algo de salero y codimento, y que al final la cosa se parece bastante. Será, digo yo, porque lo acompañan con albariño, y así cualquier pescado sabe a merluza, sobre todo después de varias copas. Para capear los malos tiempos -los empresarios no disimulan que en la ciudad los hubo mejores-, los gallegos echan mano de los buenos precios y de unas machaconas campañas de publicidad que al parecer dar resultado. El restaurante, dice María Luisa Azpiazu, está siempre lleno, y entre la clientela cuentan, a veces, con las únicas seis familias españolas que residen en esta ciudad del Medio Oeste en la que se puede disfrutar de una mariscada regada con albariño. Los empresarios gallegos reconocen que aunque la tortilla les sale estupenda y los choricitos son muy sabrosos, el noventa por ciento de lo que cocinan es pescado y marisco. Por eso de los tópicos, es lo que le pide la clientela. Las seis familias gallegas algo sabrán del asunto y podrán ser clientes más entendidos y exigentes, pero a los demás, Jesús de Manuel y José Manuel Torres reconocen que les pones un platito con un poco de arroz amarillo adornado con pimiento rojo y perejil, y los yanquis ya se creen que es paella y que tiene sabor cañí.