¿Pacto entre PSOE y BNG en Vilagarcía?

La Voz

AROUSA

La cosa política

16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?leva rondando los mentideros políticos de la ciudad desde que las municipales despojaron al PSOE de su mayoría absoluta en Vilagarcía. Ahora, con el gatillazo de la televisión local y la arroutada de Ágora , el debate sobre su viabilidad vuelve a estar sobre la mesa. ¿Es posible que socialistas y nacionalistas sellen un pacto de gobierno en la capital arousana? Al margen de filtraciones interesadas desde cualquiera de las dos partes, lo cierto es que durante los últimos meses ha habido reuniones y acercamientos que, en ocasiones, han llevado a acariciar tal posibilidad. Tanto en el PSOE como en el BNG hay voces que no quieren saber nada del tema. Pero tampoco faltan quienes apuestan por un apretón de manos. No es menos cierto que el último número de la revista municipal, con su pulla hacia la oposición con la televisión digital como coartada, y la contundente reacción del Bloque, con denuncia judicial incluida, han enfriado las relaciones. El escenario local se complica. No obstante, la solución podría venir desde las direcciones gallegas de ambas formaciones. A nadie se le escapa que el imperio del PP en la Xunta muestra claros signos de venirse abajo. En tales condiciones, ofrecer la imagen de una alternativa conjunta desde la izquierda sería la mejor tarjeta de presentación de cara al electorado. Ahí aparece el gran obstáculo, la desfeita de Vigo, la mayor de las brechas abiertas por los avatares políticos galaicos entre PSdeG y BNG. Como principal alcaldía de los socialistas en la provincia de Pontevedra, un pacto en Vilagarcía podría jugar, en este sentido, un efecto simbólico y lenitivo, a fin de preparar el terreno para el desenredo definitivo del embrollo vigués. Cultura y comunicación Está claro que, desde una óptica autonómica, un acuerdo de estas características interesa a unos y otros. ¿Qué sucede en el área pequeña? Para empezar, a estas alturas no cabría otra cosa que una negociación, no sobre pacto sí, pacto no, sino sobre la base de que el gobierno conjunto sí debe llevarse a cabo necesariamente. Se trataría, por lo tanto, de concretar qué áreas de gestión llevaría cada cual, y la forma en la que éstas se engarzarían en un proyecto común. Por supuesto, es un terreno completamente abierto. Pero comienzan a perfilarse algunos detalles. Por ejemplo, que el BNG pasaría a hacerse cargo de la concejalía de Cultura. Ello implicaría la creación de un nuevo departamento que englobase, entre otros, a Turismo y Fiestas, bajo las órdenes del actual responsable de Cultura, Roberto Araújo . Hay otras materias que podrían interesar al Bloque, como Servicios Sociales. También se avecina la constitución de un concejalía que tuviese bajo sus competencias el área de comunicación. En principio, en ella no deberían producirse modificaciones. Dejando a un lado la orientación política de determinados asuntos, imprimida desde el gobierno local, y si el affaire Ágora no ha trastocado su impresión, los nacionalistas no parecen dudar de la profesionalidad de sus integrantes. Tampoco habría cambios en cuanto a los concejales liberados. Que algo así llegue a buen puerto, o siquiera se ponga en marcha, depende en buena medida del interés que ambas formaciones pongan en el empeño. Al menos en teoría, al PSOE no le vendría mal compartir las responsabilidades de gobierno. Sobre todo en un período en el que el ambiente político se torna difícil por momentos, al tiempo que la imagen de Ravella se va deteriorando. El pacto aportaría un balón de oxígeno para las complicaciones internas que, se reconozcan o no públicamente, ha creado la gestión de Araújo en Cultura. El saco de los inconvenientes se engrosaría con una decidida apuesta por el electorado de izquierda y un alejamiento de ese nicho electoral de centro derecha al que Javier Gago siempre ha sabido atraer. ¿Y el Bloque? La jugada encierra muchos riesgos para los nacionalistas. El más grave, cargar ahora con responsabilidades de gobierno, con el tiempo muy justo para poder transmitir la imagen de un nuevo Concello. El BNG compartiría los aspectos negativos del trabajo realizado hasta ahora por el PSOE, pero no los positivos. Y debería esforzarse al máximo por hacer brillar su propia labor y fulminar este tipo de lastre. Pero es precisamente ese margen escaso el que encerraría para los de Xosé Castro Ratón la mejor de las recompensas: la demostración de que puede gestionar con garantías. A principios del 2005 Mucho se ha hablado sobre si tal operación precisaría de un relevo en la alcaldía. Todo esto tiene un límite temporal lógico para ejecutarse: los primeros meses del 2005. Más allá de esta fecha, a dos años de las próximas municipales y con las autonómicas a un paso, la capacidad de hacer efectiva una gestión conjunta sería casi nula. Javier Gago debe ser, pues, el alcalde del pacto.