Las novias

AROUSA

AREOSO | O |

12 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SON inteligentes, simpáticas, extrovertidas y guapas. No dependen de nadie; libres como el sol cuando amanece. Pero un día, se les cruza un gato negro en el camino: les llega el amor de la mano de un gilipollas. Un tiñalpa sin escrúpulos que las reduce a la mínima expresión. De repente, no quedan con las amigas porque de lo contrario, el celoso del amado, les monta un numerito. Dejan de tener principios, opiniones y gustos y sólo repiten una y otra vez, «si, churri, lo que tú digas». Si vaciasen el Ebro, ellas podían llenarlo con sus lágrimas, con las que derraman por sus desplantes. Un individuo al que nunca le apetece estar con ella pero, ¡oh, casualidad!, siempre aparece cuando la chica se está divirtiendo. Encima, no se corta la hora de decirle «cállate» o «tú que sabrás de eso». Le obligan a dejar de beber y fumar, no por su salud, sino porque para eso ya están ellos. Las mujeres, que cojan el volante, mientras ellos duermen la mona. Pasan los años, y ellas se van quedando más ciegas, aunque la realidad sea transparente como el agua. Se van quedando solas con él, sin apoyos que se cansaron de insistir. Algunas, despiertan de la pesadilla. Otras, siguen en la burbuja. El paso del tiempo poco les cambia la vida. Si eso, en vez de insultos reciben bofetadas.