El palomar Vilagarcía celebró ayer el «día sin coches» con actividades para todos los gustos y con once de las calles principales cortadas al tráfico rodado
22 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Nunca he visto tan poco tráfico en Vilagarcía como ayer. La ciudad parecía desierta e incluso menos ruidosa. Fue el «día sin coches», jornada en la que todos los dependientes del automóvil tuvimos que dejarlo aparcado en el garaje y dirigirnos a nuestro puesto de trabajo en autobús o, como yo, en bicicleta. Incluso sé de alguno que se fue a la oficina en monopatín. Bien podían mantenerse las tarifas de los buses urbanos en los sesenta céntimos. Quizás más de uno se plantearía en cambiar el día sin coches por la «vida diaria sin coches». Pero no crean que lo de esta jornada tan ecológica se quedó así. Qué va. Las calles, cortadas al tráfico, fueron escenario de numerosas actividades en las que los niños fueron los principales protagonistas. En la plaza de Galicia los más pequeños de la casa se mancharon las manos y la camiseta con témpera y rotulador, instrumentos con los que dejaron sus mensajes de precaución al volante grabados en un enorme panel. Desde un A 120 km sólo en los videojuegos hasta otro Papá, no corras eran los lemas más destacados. Siempre he querido tener un novio bombero o que actuase en rescate. Los miembros de Protección Civil de Vilagarcía demostraron ayer su valía al puro estilo Al filo de lo imposible, rescatando de un viejo coche a los tres compañeros que participaban en el simulacro de accidente. Al final de un acto tan heroico la ovación se hizo sentir en la plaza. Vaya, que los jóvenes se fueron a sus casas sintiéndose como verdaderos héroes. Y como no, no podían faltar las actividades deportivas. Desde el ya mítico paseo cicloturista en el que participó el líder del tour Porvenir Gustavo César Veloso, hasta el torneo de ajedrez en la avenida de A Marina. Sin embargo, no todo iba a ser camino de rosas, los conductores gritaban desesperados por el gran atasco de la ciudad y más de uno tuvo que hacer números para poder llegar a su destino. Siempre hay un roto para un descosido.