El menú de los peregrinos

José A. Rodríguez Ferreras VIGO

AROUSA

CAPOTILLO

Reportaje | Los Caminos en la diócesis de Tui-Vigo Historiadores y novelistas de los últimos dos siglos rememoran en sus escritos los manjares con los que la provincia de Pontevedra obsequiaba a los devotos

03 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Escasas referencias se tienen de los menús que se ofrecían a los peregrinos en conventos y hospitales. Una de ellas es la del caldo de gallina con el que eran regalados los enfermos del hospital de Vigo. Las otras alusiones son la de Rosmithal, que alude a las sardinas de Redondela, y las hechas por Albani y Laffy a propósito de las ostras de Arcade, muchas, buenas y baratas. Otra referencia es la aportada por Ernesto Iglesias Almeida en los terceros encuentros de los Caminos Portugueses organizados por la Asociación de Amigos de los Pazos y el Concello de Valença: un tal Manuel Escaño pasa por Tui de regreso de su peregrinación en enero de 1803; en uno de los paseos por la ciudad entra en una taberna y en ella es invitado a vino y a sardinas con pan. Tal vino debía ser bueno en verdad, pues motivó repetición de visita, esta vez con invitados: siete cuartillos se bebieron entre los tres. Pan y vino en el Camino Pero si hacemos caso de los testimonios de los peregrinos de otros caminos diríamos que el pan y el vino constituirían el menú básico (recordemos el dicho aquel de que «Con pan e con viño se fai o camiño»). Claro que siempre quedaba el recurso de que, a falta de vino, el agua fresca podía resultar un complemento decente de un buen yantar, como le ocurrió a Tournai en una aldea próxima a Oviedo. Menús de cualquier forma reducidos, pues no nadaban precisamente en abundancias la mayoría de los hospitales, ni aun los monasterios y conventos, menús los de estos últimos coartados además por las rígidas normas al uso del ayuno y la abstinencia. El menú que al parecer se ofrecía allá por 1.540 en un hospital próximo a Ostabat, en el Camino Francés, resulta inimaginable, a no ser por especial celebración o por caridad puntual: pan, vino, carne, pescado, huevos, fruta... amén de otros serviciales detalles. Al margen de todo lo dicho, una de las limitaciones claras con las que contaba era el tener que centrarse mayoritariamente en los productos propios de la zona donde estaba ubicado el caritativo establecimiento. Así, pues, no es extraño lo de las sardinas en Redondela, o lo de las ostras en Arcade; que la sidra sustituyera con frecuencia al vino en Asturias y País Vasco o que en no reducido número de sitios el pan servido fuera del negro (de centeno o borona) reservándose el blanco para clérigos y enchufados diversos.