El palomar Los niños saharauis que disfrutaron en la comarca del proyecto «Vacaciones en Paz» regresan hoy a su tierra, dejando atrás recuerdos, amigos y mucho cariño
03 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.No pude evitar llorar. A mí estas cosas me emocionan mucho y más en esta época del año en la que una está muy sensible. Ya se sabe, este mes de septiembre que se presenta tan melancólico. Los ocho niños del Sáhara que han pasado los últimos tres meses en Vilagarcía volvían ayer a la sequía del desierto entre abrazos, lágrimas y promesas de reencuentro de sus padres de acogida. Mi amiga Verónica acogió una vez a una niña saharaui. Cuando llegó, todo le parecía nuevo. Recuerdo el brillo de sus ojos cuando vio el mar. Allá en su tierra hay escasez de agua, por eso para todos estos niños ver llover es como un milagro. En Vilagarcía, los ocho visitantes vieron agua, sobre todo en agosto, y disfrutaron de las comodidades y experiencias que les ofreció el municipio. Todos ellos se quedaron con ganas de volver. De recuerdo, se llevaron un montón de objetos, desde caramelos hasta cuadernos y bolígrafos. Además, llevan con ellos el bagaje de un idioma nuevo, una mezcla de gallego y castellano perfectamente inteligible. Allá, en su tierra y con los suyos, repartirán todo lo que han adquirido con su comunidad. Algunos de ellos volverán, otros permanecerán en el Sáhara con el recuerdo de la experiencia vivida.