El palomar Los niños de Meis dijeron adiós al verano de la mejor de las maneras: jugando de lo lindo. La vuelta a las clases y deberes se ven lejos mientras se salta de rama en rama
31 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Eso cantaba el desaparecido Enrique Urquijo y eso pido yo en estos días en los que los que unos compañeros nos dicen adiós y otros se suman en un profundo estrés postvacacional. Para envolverme de esa magia infantil, me fui ayer hasta Meis, donde los más pequeños finiquitaban los últimos juegos del verano. Ajenos a la inminente llegada de los deberes de matemáticas y las clases de inglés, en Meis se vivía la fiesta padre con subidas a los árboles, saltos y risas variadas. ? yo, que como les adelanté un día, ando que se me cae la baba con los pequeñines (mi novio lo lleva fatal) ayer me sentí en en limbo. Corrían, saltaban, se metían unos con otros, incluso a veces se peleaban. Adoro a esos locos bajitos. Son los únicos capaces de no agobiarse porque dentro de unos días vuelvan al redil escolar, los únicos que no viven el día 31 de agosto como si fuese 10 de septiembre. Qué miedo, como ven, desde que el instinto maternal se me ha instalado en mi todo mi ser, ya no soy lo que era. Fíjense si he perdido facultades, que ayer, entre observar al rubito de ocho años que sube al árbol y al de diez que lo baja no me he fijado siquiera en las bondades corporales de sus monitores de actividades estivales. ¡Qué pecado!. El truco Y, hala, para que las mamás me riñan, acabaré dándole mis trucos a los niños para que no les cueste volver a las aulas: acuérdense de los recreos, de tirarle bolas de papel a los profesores, de explotar globos de agua bañándose al completo o de gastar los ahorros en cromos. Yo no lo he dicho, que conste.