El último conjuro del verano

Begoña Paso VILAGARCÍA

AROUSA

Crónica | Noite Meiga en Vilagarcía Probar la queimada en la noche mágica fue misión imposible; es lo que pasa cuando la fiesta es gratis

30 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Mamá, pero estas tiendas son de indios», decían los niños que la noche del sábado salieron a la calle vestidos de brujas y demonios para disfrutar de la Noite Meiga. Y no les faltaba razón, porque además de que las pallozas parecían salidas del lejano oeste, ante ellas se agolpaba tal cantidad de indios desfilando ante las hogueras que uno ya no sabía bien dónde se encontraba. Salvados esos anacronismos, la fiesta de despedida de tan largo verano fue todo un éxito. Las pallozas en las que las amas de casa, los hosteleros, comerciantes, la asociación micológica y Protección Civil se aposentaron para conjurar a los espíritus se llenaron de inconscientes empeñados en seguirles la corriente y compartir con ellos la última cena, rosquillas y queimada, animados por los olores de las hierbas mágicas que las meigas repartían por doquier. Yo me empeñé en probar la poción mágica antes de dormir unas horas y atreverme con la caña de Valga, pero fue imposible. Los pacientes druidas no paraban de echar orujo en la pota, quemarlo, revolverlo y servirlo, pero las bocas abiertas eran muchas; no daban abasto. Es lo que pasa cuando la cosa sale gratis. Hasta las dos de la mañana no empezaron a marchar los penitentes en busca de otros refugios más apropiados para esas horas. Entre ellos, parte de la organización, con Roberto Araújo y Eduardo Sabarís a la cabeza. Ya están pensando en ampliar el año que viene el número de pallozas para dar de comer y beber a tanto turista necesitado.