En directo | La final olímpica en la casa da cultura de O Grove Quinientos metros de ilusión, trescientos de agonía y doscientos de resignación sufrieron los paisanos de Fredy Bea y David Mascato con la pantalla gigante
27 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.? Grove, en su cuarta olimpiada. Todas las tiendas de la villa arousana tienen su correspondiente cartel. Dos paisanos acudían a su cita cuatrienal con los Juegos Olímpicos, un hito para una localidad de apenas once mil habitantes, donde, salvo en estas fechas veraniegas, todo el mundo se conoce. Ayer, fieles a su cita, Fredy Bea y David Mascato estaban de nuevo en la final olímpica. Algo que por habitual, parece obligado, pero que tiene una dificultad extrema. Así lo entienden también sus paisanos, que durante cinco minutos plantaron sus quehaceres para colocarse delante del televisor. El mejor presagio En la casa de cultura, una pantalla gigante fue testigo de la medalla de oro de David Cal. Parecía el mejor presagio y, a pesar de que los comentarios no lo sugerían, todos los presentes -alrededor de medio centenar, la mayoría jóvenes aficionados al piragüismo e integrantes de las categorías inferiores del club grovense- albergaban la esperanza de que esta vez sí. En la salida, el ambiente era algo frío. El problema de las retransmisiones de piragüismo es que las referencias visuales engañan. Fue cuando se comprobó que los grovenses iban en la tercera plaza, cuando estalló la primera ovación. Atronadora. Iba un cuarto de carrera y la medalla estaba al alcance. Al llegar a las boyas que señalaban los quinientos metros, el bronce seguía a bordo. Las palmas echaban humo y algún neófito pensó que la carrera había acabado y la presea era un hecho. Mejor hubiera sido, desde luego. Los quinientos metros de ilusión, dieron paso a trescientos de agonía, cuando el fuelle empezó a fallar, y a doscientos de resignación, desde el momento en que los rivales comenzaron a superar al dúo del Breogán Outón y Fernández. «¡Que se quedan, que se quedan!», gritaba el alcalde, al que se le escapó un sonoro «mecachis en diez», cuando concluyó la prueba y la ilusión de la medalla se desvaneció. Él estaba en la casa de cultura. En el Concello, muchos de sus funcionarios, con Suso Casal a la cabeza, se reunieron en la sala de comisiones para presenciar también la prueba. Tras la decepción, ya han comenzado a preparar el recibimiento.