Crónica | La venta ambulante en O Grove Desde que el Concello decretó mando dura contra los hombres del «barato, barato», estos vendedores han tenido que reciclarse para pasar desapercibidos y seguir con el negocio
23 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?os vendedores ambulantes campaban a sus anchas por O Grove hasta que el Concello decidió aplicar mano dura y confinar su actividad a los días de mercado y al recinto del puerto. La policía local fue el cuerpo encargado de hacer cumplir esa orden de la alcaldía. Y desde que aquel bando entró en vigor, en el puerto apenas se vislumbran mercaderes del «barato, barato». Pero haberlos, los hay. Como suele pasar, los proscritos han agudizado el ingenio para continuar, aunque sea a pequeña escala, con sus pequeñas ventas. Su lugar favorito sigue siendo el muelle de los barcos de pasaje, donde el tumulto está servido y el anonimato practicamente garantizado. Entre tanto trajín, un joven camina con el rostro tenso, aspecto nervioso, y una mochila al hombro. De repente, fija sus ojos en dos parejas con aspecto de turistas que caminan tranquilamente, disfrutando de la mañana y del sol. Nuestro protagonista se acerca a ellos y saca del bolsillo un reloj revestido con una bolsita de plástico. Los posibles clientes se detienen, miran el producto, pero enseguida descartan la compra meneando la cabeza. El vendedor, tras apenas insistir, vuelve a guardarse la mercancía en el bolsillo y continúa su camino, mirando insistentemente a su alrededor en búsca de una nueva oportunidad. El negocio ambulante, ahora, es así.