Un renovado y más dinámico desfile de carrozas recorrió las calles de la ciudad Los vilagarcianos esperaron pacientemente una hora apostados en las calles
21 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Es inherente al ser humano. El que sabe que tiene palmito quiere lucirlo, y busca adornos y complementos para quedar lo mejor posible. Por eso tienen tanto éxito los desfiles de las reinas de las fiestas, y Vilagarcía no iba a ser menos. ¿Quién le puede reprochar a las ministras que se dejen fotografiar en las revistas cuando el único sentido de la batalla de flores es lucir belleza, lucir destreza o demostrar las buenas artes en el baile o ante un instrumento? Y tan venial es el pecado de exhibirse como el de mirar. Por eso las calles de Vilagarcía se llenaron de gente que esperó pacientemente más de una hora -retraso de la comitiva- en los mejores puestos para ver el desfile. Las reinas y sus damas iban bien guapas tirando confeti, los de los grupos de baile cumplieron y la banda sonó como Dios manda. Hubo, además, novedades que hicieron el desfile más dinámico que otros años. Un dragón con tres cabezas echaba humo, y un grupo que bailaba capoeiras -una mezcla de danza y lucha- repitió una y otra vez sus exhibiciones por todo el recorrido. En el medio, una sorprendente charanga con chicas en pantalón corto y calcetines blancos hasta la rodilla aminaban todavía más la fiesta. Recorrido El recorrido se vio afectado por los problemas de tráfico que sufre la ciudad. Por ello se escogieron las calles en las que hay menos circulación, partiendo de la estación de ferrocarril para acabar en la plaza de España por Rey Daviña y otras vías del centro de la ciudad. Dichas modificaciones surtieron efecto, porque aunque hubo que cortar por un espacio de tiempo el cruce de O Ramal, no se produjeron las caravanas de otros años. El desfile puso el broche de oro a las fiestas que se cerraron con la traca final de los fuegos de artificio, un espectáculo sonoro y visual previsto para la medianoche que provoca la llegada a la ciudad de miles de curiosos llevados, de nuevo, por el vicio sano de mirar.