AREOSO | O |
04 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL PATIO anda revuelto con los metrosexuales. Ayer anduve yo de rutas baretianas y me he dado cuenta de cómo está la cuestión y, qué quieren que les diga, me los encuentro hasta debajo de las piedras. Aclaro que por metrosexual se entiende aquellos Beckhams de la vida, que lo mismo le dan a la Nivea, que se pasan la cera hasta por los pelos de los pies o llevan bolso a juego con los botones del pantalón. Lo aclaro porque hay quien pensaba que lo del metro y el sexual juntitos iba referido a cuestiones de tamaño, que de todo hay en la viña del señor. Pues no. Metrosexual es ese Marcos, ese Lucas o ese Borja que llevan la camiseta más pegadita que la carne a la uña. Que se pone mechitas. Que después de siete horas dándole al baile siguen oliendo a Hugo Boss y que, en caso de quitarse cualquiera de sus prendas, no aparece un pelo ni por asomo. Ya no digo nada de las sandalias con bordaditos y los pantaloncillos pirata. Nada que objetar, cada uno que se tome la metrosexualidad por donde quiera. Mientras, yo sé de muchas que se suman al refrán «el hombre y el oso cuanto más feo más hermoso» y siguen a la captura del macho, macho galaico.