Crónica | Cambados despide la Festa do Albariño La exaltación del caldo de mayor calidad que ha dado Galicia va más allá de la mera degustación del producto. En la fiesta hay historia, cultura y, sobre todo, diversión
02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La última jornada de la Festa do Albariño es frenética. Cambados amanece como un campo de batalla en el que los ejércitos contendientes, en lugar de enfrentarse con rifles, han brindado con copas de amistad llenas del mejor de los vinos blancos del mundo. El Paseo da Calzada une por unas horas a los más trasnochadores con los más madrugadores. A los que se resisten a dejar la fiesta e irse a la cama y a los que se acostaron pronto para asistir a los actos oficiales. La llegada del presidente de la Xunta pone en marcha la programación oficial de la fiesta. Este año Fraga empezó visitando la exposición de arte organizada en Exposalnés por Dismarga, la empresa encargada de las jornadas gastronómicas del marisco que este año han acompañado al Albariño. Después, la comitiva se unió en la Casa do Concello y se trasladó al patio de armas del Pazo de Fefiñáns, donde se procede, rama de parra en ristre, a nombrar a los nuevos caballeros y damas del la orden del Capítulo Serenísimo. Tras este acto que une cada año a la fiesta con su historia y con la de Cambados, la comida oficial escenifica la capacidad de convocatoria de la fiesta, a la que acuden cada año un mayor número de políticos, cargos de la Administración, famosos y bodegueros. La frenética jornada remata con el gran concierto del Albariño. Este año con Alejandro Sanz. ¿Alguien puede decir que el Albariño sólo consiste en beber vino?