ENTRE LÍNEAS
30 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SIEMPRE pensé que las vacaciones eran la mejor inversión que un empresario podía hacer. Un currante cansado y cabreado es un mal currante. Por ello, es necesario que el trabajador descanse, se airee y vuelva a su puesto renovado. El cuerpo es como un coche. Hay que echarle gasolina y aceite para que funcione. Si no, se para. Pues las vacaciones son nuestro aceite. Este año me ha sorprendido la cantidad de empleados que no tienen vacaciones. Pero no es una cuestión puntual. No se trata de una excepción. Sus jefes llevan años y años sisándoles su derecho a descansar. Y, por supuesto, sin pagarles doble ese mes, que sería lo mínimo. Parece alucinante, pero son muchos los arousanos que cuando lean estas líneas sabrán por experiencia propia de lo que estoy hablando. A todos ellos, les dedico mi más sincero desprecio a sus jefes.