Reportaje | Baixo Ulla-Sar desarrolla lecciones de educación vial La agrupación lleva nueve años aplicando un programa referido a la formación de los jóvenes conductores en las cinco autoescuelas de Catoira, Cesures y Padrón
22 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?A mí no me va a pasar» o «yo controlo» son las expresiones más recurrentes entre los jóvenes menores de 25 años que, cada fin de semana, cogen su coche con el fin de desplazarse al lugar de movida. A pesar de que últimamente parece haber aumentado el número de muertes en accidentes de tráfico, los datos nos muestran que este alto índice de siniestros se viene produciendo desde hace más de cinco años. El resultado: centenares de fallecidos anuales en las carreteras españolas y otro tanto de personas discapacitadas a causa de una actitud inapropiada en una noche loca. Manuel Isorna, miembro de la Agrupación Baixo Ulla-Sar, intenta destacar la importancia de concienciar a los jóvenes desde las autoescuelas, mostrándoles y haciéndoles llegar de forma directa los trágicos resultados que pueden provocar una conducción temeraria. Esta agrupación lleva ya nueve años paseándose por las cinco autoescuelas de Catoira, Cesures y Padrón con el fin de disuadir a los jóvenes de realizar acciones «prohibidas» a la hora de coger el volante. El poder de una imagen Una imagen vale más que mil palabras. Por ello, la Agrupación Baixo Ulla-Sar, realiza charlas con miembros de la asociación Sarela, formada por personas que han sufrido algún daño cerebral, muchos de ellos a causa de un accidente de tráfico. Personas, según Manuel Isorna, «aparentemente normales, pero que, a causa de un despiste, han tenido incluso que aprender de nuevo a escribir o a distinguir los colores». Formar a los formadores es la principal intención de esta agrupación que ha presentado su proyecto en un congreso en toda España. Sin embargo, Isorna dice que la política de educación vial en este país es una asignatura pendiente y necesaria sin la cual, los accidentes en la carretera serán cada vez más y con más gravedad. El alcohol como gancho para ligar o para afrontar situaciones difíciles puede costar más de una vida. Sin embargo, los jóvenes recurren a esta droga como alternativa para una buena noche de marcha sin ser conscientes de lo que esta decisión puede suponer. De hecho, el consumo de alcohol crea un falso estado de euforia que ayuda a un excesivo nivel de confianza en el conductor, disminuye la capacidad de movimientos y la lucidez mental. El derecho a decir no «Creen que se sienten más machos», apunta Isorna. El miedo a sentirse desplazado dentro del grupo incita a los jóvenes a beber, incluso sin ganas. Isorna destaca que «El poder decir no, implica un alto nivel de madurez. Lo importante es poder volver de marcha el próximo fin de semana.» Y no le falta razón.