Crónica | El bar de la suerte Wenceslao y Francisco trabajan en la construcción. Uno es de Portonovo, el otro de Vilagarcía. Les ha unido la suerte, con la que se toparon en el restaurante en el que siempre comen.
21 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?A sorte non é para todos», decía, mandil en ristre, una de las cocineras del restaurante O Curro, en San Vicente. Era el consuelo que pretendía brindar a algunos parroquianos que habían dejado pasar de largo los boletos premiados de la ONCE. Y al propietario del local, que atoallado se lamentaba: «sempre collo varios números, e onte, como tiña tanta xente...». Ayer, en O Curro, no se hablaba de nada más que de la lotería, claro. Tres clientes habituales se habían llevado el número mágico. Dos de ellos apuraban a mediodía la comida antes de volver al andamio. «Eu, ainda que me tocasen mil millóns, seguiría traballando. ¿E se non...?», decía uno de ellos, Wenceslao, tras pagar una ronda de cafés. «E que eu -explica bajando el tono- sempre collo o sisti-nain , así que tiña que tocar». Francisco, otro afortunado, habla menos. «O único que podo dicir é que estou mellor que cando me levantei».