La oferta de los pubs ha reducido a la mitad las discotecas de la provincia

Lars Christian Casares Berg
Christian Casares PONTEVEDRA

AROUSA

La Asociación de Salas de Fiestas pide más control para acabar con la competencia desleal El sector denuncia que los bares carecen de licencias para el tipo de ocio que ofrecen

20 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Si tiene espectáculos de luces intermitentes o pinchadiscos es una discoteca. Sin embargo, la mayoría de los locales de ocio nocturno que mueven a su clientela al ritmo de los destellos luminosos y al dictado de las mezclas que propone desde la cabina un pincha carecen de la licencia oportuna. El resultado es que la falta de control ha llevado a que la mayoría de pubs y bares nocturnos estén funcionando como salas de fiestas, pero ahorrándose los costes de la licencia que da derecho a ello. La Asociación Provincial de Discotecas y Salas de Fiestas ha puesto el grito en el cielo para tratar de frenar una situación que ha llevado a la desaparición en los últimos seis años del cincuenta por ciento de los locales integrados en el colectivo. Samuel Pousada, portavoz de la asociación, se entrevistó ayer con el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Delfín Fernández Álvarez, para buscar soluciones y someter a un mayor control al sector del ocio nocturno. «Los ayuntamientos no están haciendo nada, no hay una vigilancia adecuada, se incumple la normativa, que además es confusa y anticuada», lamentó ayer Pousada, tras el encuentro con el subdelegado. Los propietarios de las discotecas reclaman que se cree una ley autonómica integral que regule qué tipos de locales pueden ofrecer las distintas modalidades de ocio nocturno, en lugar de la confusión actual. Pousada lo explica así: «Hay que delimitar qué es un pub, qué, un café concierto, qué es una discoteca, qué horarios deben cumplir, con qué recursos pueden contar...». Pero si el descontrol sobre lo que pasa en el interior de los locales preocupa a los empresarios discotequeros, más lo hace que la fiesta nocturna se traslade a las calles. «El botellón es un gran problema para el que aún no se ha encontrado una solución», dice Pousada.