ENTRE LÍNEAS
15 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SI PASASEN nuestra vida a cámara rápida veríamos como las calles por las que circulamos a diario se abren y se cierran a toda velocidad, obra tras obra, sin la más mínima planificación. España es el país del cable colgante. Un síntoma, sin duda, de ese retraso histórico que nos separa abismos de países como Suecia o Noruega. En Vilagarcía, por poner un ejemplo pegado al terreno, se están mejorando dos calles del centro: la de Ramón y Cajal y la de Arapiles. Las dos están quedando muy bien, aunque tengo un amigo que dice que no. Nunca llueve a gusto de todos, supongo. El caso es que en ninguno de los dos proyectos se van a enterrar los cables que afean las fachadas. Una oportunidad perdida. El colmo: ¿sabían que el helipuerto del hospital de O Salnés está inutilizado porque lo cruzan unos cables? Ya ven. Es de traca.