La cruz

| XURXO MELCHOR |

AROUSA

ENTRE LÍNEAS

03 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

TODOS los días de mi vida paso unas cuatro veces por delante de la iglesia de Santa Baia de Arealonga, en Vilagarcía. Todos los días de mi vida ante mis ojos aparece la enorme cruz falangista que me recuerda que este país no hace tanto se desgarró en sangre y llanto porque hubo unos que no respetaron ni la Constitución ni la democracia. Esos que un día decidieron convertir España en un infierno ganaron la guerra gracias a que sus compañeros de armas, Hitler y Mussolini, sembraron esta piel de toro de bombas y muerte. Los agresores ganaron y pasaron a ser héroes. Los agredidos perdieron y fueron asesinados, encarcelados y machacados. Monumentos como el de la cruz fascista no hacen más que hurgar en una herida que sólo podrá cicatrizar cuando se haga justicia plena. Afortunadamente, vamos por ese camino.