En directo | Último día de estacionamiento gratuito El horno no está para bollos en la zona TIR; los ciudadanos muestran su total rechazo al cobro en el aparcamiento municipal
02 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Un viernes al sol en la explanada TIR. El gobierno local de Vilagarcía tenía previsto empezar a cobrar hoy en el aparcamiento, pero en la zona no hay más rastro del Concello que una camioneta en la que se lee «alumbrado público». Hay un medio lleno en el estacionamiento, el gorrilla, Pancho, explica que hay menos gente de la normal porque «como decían que hoy ya era de pago, la gente no vino». Llega un C3 nuevecito, el Caribe Mix suena dentro y de él se bajan Maite y Raquel. Ambas son de Caldas de Reis y trabajan en la capital arousana. Vienen juntas y comparten el gasto de la gasolina. A partir de hoy, también irán a escote con el aparcamiento. «Es lo que nos faltaba, no tenemos para pan y ahora nos vienen con las estampitas», dice Raquel. Lo mismo opina Maite, que añade «no vamos a comer a una hamburguesería, que traemos de casa el bocadillo para ahorrar y nos hacen gastar en otras cosas». Aprieta el sol de las doce y el gorrilla sigue dando indicaciones. Una señora de lunares amarillos, le grita desde lo lejos «chao Pancho, a la vuelta ya voy a junto tuya». La mujer sonríe, pero poco le dura la alegría. Se indigna con el asunto del cobro. «¿Pero qué es lo que quieren, que aparquemos en el tejado de Gago o qué? Nos alejaron el mar para rellenar y ahora esto. No puede ser». Suenan los muelles del puerto, es entonces cuando aparecen varios albañiles en una furgoneta blanca con un bollo en la parte delantera. «Nós aparcamos dentro das obras pero, por exemplo, a miña muller vai ter que pagar todos os días. Pensan que todos somos señoritos coma eles. Unha cousa é darlle algo aos que aparcan e outra pagar por obrigación» comenta el conductor. La unanimidad es total: nadie quiere soltar la pela. En una esquina del recinto, un joven le quita una espinilla a su novia. Ni siquiera el futuro cobro le aparta de la espalda femenina, pero afirma rotundamente «todo lo que sea pagar está fatal, por supuesto». Siguen a su tarea mientras llega una nueva remesa de vehículos a la explanada. Mujeres con tacón de punta y señoras con vestidos playeros y chanclas de Cadena 100 no dejan de bajarse de su vehículos. Entre ellas, aparece Fernando. Estudia Relaciones Laborales en Santiago y el ZX que conduce es de su padre. Lo tiene claro: «Esto es una verguenza, acabarán privatizando el aire también». Su discurso va más alla del estacionamiento y habla de la guerra de Irak, el Prestige e incluso del Yacolev 43. Cuando se le dice que esos eran tiempos en los que un señor de bigotes mandaba en Madrid se ríe y dice: «¿Pero es que hubo cambio de gobierno? Gracias por decírmelo que yo aún no lo había notado». Dan las dos del mediodía y Protección Civil pasa la fregona a la caseta de madera en la que mañana cobrarán. Aprieta el sol pero se está bien en la explanada, sólo se escucha el mar a lo lejos. Visto lo visto, mañana será un milagro si reina la calma chicha.