TRIBUNA PÚBLICA | O |
29 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Como secretario general del Sindicato Gallego de Profesionales del Espectáculo, me veo en la obligación de replicar al reportaje titulado «El triste espectáculo del circo» y firmado por Susana Luaña, basado en unas manifestaciones hechas por Juan Fajardo, concejal de Concello de Vilagarcía de Arousa por Izquierda Unida. Todo cuanto se manifiesta en el mismo es una sarta de disparates que no tienen nombre, resultando sumamente desagradable oír hablar así de una profesión honorable y arriesgada. Para tocar el tema de la doma de animales salvajes hay que tener, por lo menos, algunos conocimientos de ello, porque de lo contrario es muy normal que existan estas graves equivocaciones. No conozco a nadie que haya ido a la selva a coger cualquier tipo de fiera o haya comprado a un cazador su presa y luego intentara domarla. Sería imposible. Todos los animales salvajes dedicados a la doma han de ser nacidos en cautividad y sus futuros domadores juegan con ellos desde su nacimiento y cuando alcanzan determinada edad es cuando comienzan a adiestrarlos, casi jugando y dándoles cariño y no castigándolos. El látigo sólo se utiliza para que sus chasquidos sirvan para dar órdenes a los animales. Pero sin infringir ningún tipo de castigo, de no verse forzado a ello por circunstancias anómalas o de fuerza mayor. Sepan que Ángel Cristo acariciaba y besaba a las fieras y aún así ha pasado por unos cuantos accidentes, algunos de mucha gravedad. Hay que tener en cuenta que los animales de estas razas pueden ser adiestrados pero su instinto no muere hasta que ellos fallecen. Y no quepa duda a nadie de que si los animales domados no son bien atendidos es porque el domador, casi siempre dueño de las fieras, se encuentra en un hospital o en cualquier otra situación irremediable, puesto que lo primero que hace es cuidar a quien representa su negocio, su afición y de quien puede decirse, también representa su vida. Salvajadas Busquemos el mal que se les hace a los animales de todo tipo en otra parte y no en el circo. La fiesta de los toros, por ejemplo. Eso sí que es una verdadera salvajada, pero sin embargo a nadie se le ocurre suspenderla, porque son muchos los intereses creados a su alrededor. Y las carreras de caballos, que hostigan a la bestia hasta extremos máximos, porque lo único que persigue su jinete es llegar el primero, aún a costa de reventar el caballo. Las peleas de perros, que no sé como considerarlas por su brutalidad. Y las de gallos también. Incluso los perros guardianes, que están atados todo su existencia. Únicamente se les respeta la comida porque no hay otro remedio. Y no olvidemos las fiestas de muchos pueblos de España, en que se corre a una vaquilla, haciéndole pasar los mayores sufrimientos para diversión de sus vecinos. A mayor abundamiento debo de informarles de que si una fiera domada en el circo se soltara en medio de la selva para devolverle la libertad, no podría sobrevivir más de una semana, porque no sabe cazar ni defenderse y tampoco buscar o hacer su guarida. Puesto que está acostumbrada a que le den todo hecho. Por otro lado, cabe, incluso, la posibilidad de que la matasen sus congéneres, puesto que nunca sería admitida en ninguna manada de la zona. Estoy seguro de que, o se escapa, o muere degollada. Y ya no es más que referirme a ese tipo de circo que ustedes pintan con enanos, payasos y la mujer barbuda, que efectivamente existió en el siglo XIX, pero sabiendo que en aquella época no abundaban más que los titiriteros. Pero ya en el siglo XX, podemos citar al circo Feijoo, al circo Price en Viaje por España con los Charivais de Circuitos Carcellé, el Atlas, de Hermanos Tonetty, el Hervás. el Europa, el Wonderland, el Ruso de Ángel Cristo.... y muchos más que eran de toda categoría. Cerrar las puertas Además, si ahora de repente apareciese uno con las trazas que vienen comentando, no habría más que reglamentar el circo y exigir un mínimo de calidad, pero si no nos acordamos del circo más que para criticarlo, como hacen en su mentado reportaje, no le quedará otro remedio que cerrar sus puertas definitivamente.