AREOSO | O |
31 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.YA NO HAY carros. De los de madera, conducidos por vacas y con señor con boina y señora enlutada hasta las cejas. Los que hicieron posible el trabajo en el campo durante siglos y que no hace mucho todavía competían con los coches por hacerse un sitio en el arcén de la carretera. Carros que han sido testigos de nuestro pasado inmediato y que, en cuestión de poco tiempo, se han convertido en piezas de museo. En la Festa do Labrego de Vilariño programaron este domingo un desfile de carros del país que no se pudo celebrar porque no presentaron ni uno. Y otro clásico, el de la Festa do Albariño, ya hace años que pasó a la historia por el mismo motivo. No piensen que con este discurso nostálgico una pretende devolver al tiro de bueyes el protagonismo que le correspondió en épocas pasadas. Afortunadamente, hoy, contamos con medios mecanizados mucho más eficaces y cómodos para trabajar en el campo. Pero no estaría de más que alguien tomara nota de la situación y se ocupara de conservar lo poco que queda de este patrimonio. Con los molinos de agua de O Salnés se ha llegado a tiempo. Con los carros lo tenemos más fácil y sin tener que recurrir, todavía, a la realidad virtual.