La muerte de Antón Rivas Briones supone la pérdida de uno de los referentes del panorama artístico gallego. Maestro en las disciplinas de la pintura, talla y xilografía, ha servido de modelo para muchos de los creadores actuales y ha dado testimonio, a través de sus obras, de la historia de Vilagarcía. Y la ciudad ha sabido rendirle tributo por ello. El Concello tuvo a bien ponerle su nombre a la sala de exposiciones situada en la casa de la cultura, en julio del 2001, y un año después lo nombró hijo adoptivo. Pues, aunque pasó prácticamente su vida entera en Vilagarcía, el artista nació en Madrid, allá por el año 1918. Rivas Briones estudió en el León XIII y a los quince años ingresó como aprendiz en un taller de ebanistería donde pronto destacó por sus dotes en el dibujo y la talla. Compatibilizó su actividad profesional con la creación, pero no fue hasta su jubilación cuando se dedicó por entero al arte. Fue prolífico, pero su escaso interés por la promoción y la vida social hizo que fueran escasas sus exposiciones. Los funerales se celebrarán hoy, a la una de la tarde, en la iglesia parroquial.