De pitos y tiestos

JAVIER GAGO

AROUSA

TRIBUNA PÚBLICA | O |

19 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CONOCIENDO a Salgado, buena persona y magnífico profesional, dudo que el proceso revolucionario al que se refiere tenga que ver con la mala educación (abuchear a la gente, por ejemplo). No me cabe duda de que hay quien escucha y no entiende. Yo no sé si la juventud de hoy ya no comulga con ruedas de molino; de lo que sí estoy seguro es que la nuestra no lo hacía, así que en eso no hemos cambiado tanto. En todo caso, no hay que malinterpretar cualquier abucheo o pitido que se pueda producir en un pabellón lleno de gente. Primero, porque el clima de la competición lo propicia. Segundo, porque también fue abucheado un equipo que jugaba la final y eso no quería decir que hubiese animadversión a ese equipo. Tercero, porque habría que evaluar cuántos aplaudían y cuántos silbaban. Y cuarto, porque los políticos estamos acostumbrados a este tipo de manifestaciones que nos llevan a una conclusión que defendemos: ¡viva la libertad de expresión! Protocolo En todo caso, al señor Garrido habría que recordarle que las personas que bajamos a entregar los trofeos del Vilagarcía Basket Cup lo hicimos haciendo caso al protocolo marcado por la propia organización y que nadie le impuso; y que esas mismas personas son las que, con sus decisiones, hacen posible que ese espectáculo se celebre cada año. Por lo tanto, de ningún modo son ajenas a la fiesta. Es más, a pesar de las reiteradas peticiones de la organización, fue decisión nuestra no hacer uso de la palabra, precisamente para enfatizar el mérito de quien organiza y de quienes disputan el torneo. Promocionar el deporte Por último, al que se subscribe se le pueden achacar muchas cosas, pero no ya como alcalde, sino como ciudadano, en cuanto al interés por defender, promover y apoyar el deporte, nadie le va a dar lecciones. Cuando se sacan conclusiones fuera de contexto se puede llegar a caer en lo que, en nuestra juventud, contestataria y revolucionaria pero no maleducada, denominábamos NPI.