?os números resultan, en ocasiones, engañosos. El balance de Opmega del pasado año es un buen ejemplo. Una primera mirada haría pensar que ni los problemas derivados del Prestige , ni los virulentos episodios de toxina, habrían tenido efecto sobre la producción de este bivalvo: «no exercicio 2003 rexistrouse unha alza dun 5,69% no volume total comercializado fronte ao 2002, o que ven supoñer ter xestionado un volume de producción de 106 millóns de quilos netos de producto, por valor de 59.729.000 euros». Así comienza la memoria de Opmega. Sin embargo, a renglón seguido, se explica que «nesa cifra se inclúe a producción trasladada do 2002 por causa da falta de vendas tras o afundimento do Prestige ». La sombra de la marea negra afectó a los productores de Opmega hasta los meses de verano. Fue entonces cuando se percibió una notable mejoría en el mercado. Agosto prometía. Pero, de repente, en el camino de los bateeiros se cruzó un nuevo enemigo: la toxina. La persistente marea roja hizo que el buen comienzo de la campaña de mejillón para Italia se viese bruscamente cortada, y echó por tierra una de las principales épocas de ventas de producto fresco: las navidades. Conserva Esas mismas oscilaciones, tan pronunciadas y bruscas, se reproducen en el mejillón destinado a su venta a la industria. En este caso se dio otra circunstancia: el precio medio alcanzado en el ejercicio pasado fue de 0,45 euros, lo que supone una media inferior a la de años anteriores. Esa circunstancia se debe, dicen desde Opmega, a que, a causa de la toxina, una gran cantidad de producto se vendió fuera de su temporada habitual, y cuando no estaba en sus mejoras condiciones.