Castigo

La Voz

AROUSA

AREOSO MARÍA REY | O |

02 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

TODO el mundo sabe lo que se dice de la mujer del César. Ya saben, aquello de que además de ser honesta debe parecerlo. Pasando por alto el tufillo machista de la frase, lo cierto es que en ella se esconde una verdad aplicable a mujeres, hombres, y hasta consellerías. Que la consellería de Pesca no sienta demasiada simpatía por la cofradía de O Grove resulta hasta entendible. A López Veiga se le ha colado Francisco Iglesias debajo de un diente hace tiempo, y el patrón grovense decidió desde entonces no amilanarse y poner cara a esa parte del sector que no comparte ni las tesis ni los planes de la Xunta. Por eso, es comprensible, digo, que al conselleiro se le agrie el desayuno cuando alguien le menta al patrón meco. Pero a pesar del mal desayuno, el titular de Pesca debe guardar las formas. Porque para eso es conselleiro. Y al salir de su casa y entrar en su despacho debe olvidar su enfado con O Grove. Y firmar las ayudas que le correspondan a esa cofradía con la misma pluma con la que firma todas las demás. La denegación de subvenciones de asistencia técnica a O Grove y Cangas, dos de los pósitos rebeldes, resultan sospechosas por más que se justifiquen con criterios legales. Huelen a revancha. Y eso, digo yo, no es digno de la mujer del César. ¿No?