Discriminación positiva

AROUSA

AREOSO | O |

01 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY PALABRAS difíciles de casar. Como el sustantivo discriminación y el adjetivo positivo. Pero a veces esas bodas imposibles se celebran. Y de esos matrimonios surgen paradojas. Como pasa con los niños, las paradojas las hay de todo tipo. Algunas místicas, como el vivo sin vivir en mí de Santa Teresa. Otras poéticas, como el quiero olvidarme del deber de olvidarte, de Joaquín Sabina. Y otras inquietantes, como la guerra preventiva. En ese último cajón metería yo a la discriminación positiva. Discriminar es una palabra fea y de positivo no tiene ni el poder ser leída. Las mujeres sabemos algo de eso, porque durante siglos hemos sido discriminadas. Y lo que nos queda. Cuando pienso en todo el camino que falta por andar consigo digerir, aunque con esfuerzo, esos mensajes de igualdad=paridad que nos lanzan los políticos una y otra vez. La última dosis nos la dio ZP, con su gobierno de cupos sexuales. Maldita la gracia que me hace. Yo no quiero un gobierno de cupos, quiero un gobierno de gente preparada. Y si tienen que ser todas mujeres, que lo sean. Y si es necesario que todos sean hombres, también. Hasta que podamos asumir eso con naturalidad no habremos ganado la batalla.